La droga compra, corrompe y mata. Y a esta altura ya no suena descabellado aventurar que, según estiman, nuestro país pueda seguir el mismo camino que otros como México, que pasó de ser un país de “tránsito” a uno “capitalista”. Es que el gobierno gastó más de 71.400 millones de dólares en los últimos diez años para luchar contra el narcotráfico, y el presupuesto nacional muestra una suba sostenida del 15% anual en seguridad nacional. Sin embargo, nada es suficiente, ya que tampoco la violencia desciende: desde diciembre de 2006, murieron allí 184.000 personas a causa del narcotráfico.
Dentro de México, el estado de Michoacán, de donde provendrían los narcos detenidos ahora en Bahía Blanca, ocupa el segundo lugar en cuanto a cantidad de asesinatos cometidos por bandas de narcotraficantes en 2016, según datos aportados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) de ese país.
Los principales delitos registrados en Michoacán son el homicidio, el secuestro y la extorsión, y en 2016 se perpetraron 1.287 asesinatos, una cifra sólo superada por el estado de Guerrero, con 1.847 casos. Para el 2015, en Michoacán se registraron 777 homicidios, y en 2014 se contabilizaron un total de 904 crímenes.
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