Me pongo en la piel del hincha de Boca. Soy hincha pasional del fútbol, soy hincha de un equipo. Si así no fuese sería casi imposible ser periodista deportivo. Boca campeón sin jugar. Sin esa locura, pasión y emotividad que le da su gran hinchada. La Bombonera no pudo latir, ningún estadio del fútbol argentino pudo ser testigo de un momento único, ser campeón. Pero a quién le importaba cuándo, dónde y cómo. Para un hincha, lo más importante es ser campeón.
Bien tempranito ayer por la mañana en distintos programas deportivos de TV y algunos de radio, debatían el tema. Algunos colegas decían que no era lindo, que le quitaba brillo, que le quitaba ese color especial del fútbol. Y, es cierto. Pero al hincha que va siempre a la cancha, que disfruta o se amarga con un triunfo o una derrota de su equipo qué le importa. A ese hincha lo único que le interesaba es poder gritar campeón. A ese hincha desde anoche no le cabe si el equipo jugó bien o mal. Si el plantel estuvo unido o peleado. Si Centurión salió mucho de joda o discutió con un compañero en la práctica, si Carlitos Tévez desde la lejana China se queja de Riquelme o si Román le contesta. Sólo le importaba ser campeón. Que los colores a los que aman estén en todas las noticias. Que se hable de su equipo. Que repasen los goles una y otra vez. Que le muestren los festejos. Eso es lo que le gusta al hincha, en este caso al de Boca.
El simpatizante de Boca anoche estaba feliz, salió a las calles de cada rincón de la Argentina a exteriorizar todo su sentimiento. Salió a recordale a su tradicional rival que “hoy mando yo”. Soy el dueño del fútbol argentino porque salí campeón y vuelvo a la Copa Libertadores, el torneo que se le viene negando. Primero por el famoso “gas pimienta” y con tan mala suerte que terminó festejando su tradicional rival y en la presente edición por los malos resultados conseguidos.
Boca necesitaba ser campeón. Ningún hincha Xeneize hubiese soportado un fracaso. Hubiese sido un duro golpe. El hincha de Boca empezó a respirar el domingo cuando River quedó afuera. Cualquiera hubiese sentido vergüenza de que el Millo le quitara tamaña alegría.
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