Beatriz trabajó con todos, y de quienes considera sus “maestros” dice que el más grande fue Alberto Olmedo: “Era único, irrepetible, inigualable”, cuenta. “Y Porcel fue un gran profesional, un excelente capocómico. En su vida personal tenía algunos detalles... pero ya no vale la pena repetirlos, mucho se ha hablado de ellos, y él ya no está. Y ha dejado un gran legado también, junto a Olmedo y Portales”.
Salomón recuerda que el magnetismo que generaba el capocómico más importante de la televisión argentina era tal que “cuando salía al escenario las mil personas que estaban en la platea, lo aplaudían con apenas verlo. Siempre hacía funciones llenas, la gente compraba sillas y pedazos de escalón para poder verlo”.
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