Sin contar que se trata de un libro debut, es sorprendente la capacidad de este escritor norteamericano para mantener la línea de flotación no ya a lo largo de todos estos relatos, sino de cada oración. “El mundo está acá sólo si usted lo mira, sólo si usted mantiene los ojos abiertos”, se convence la protagonista del cuento Cómo ayudar a tu marido a morir. Sin embargo, el mundo Poissant es inmune a esa fórmula solipsista: el lector cerrará los ojos una vez terminado el libro y el universo delineado en El cielo de los animales estará ahí. Y lo hará bajo la forma de una epifanía inducida más que de una pesadilla. Porque Poissant escribe como si fuese un mago amnésico, hipnotizando al lector y olvidándose la parte del truco en la que debe devolverlo a la realidad.
Abstenerse los lectores al paso. Aquí lo que hay son historias al límite, de alto voltaje emocional y de muy baja capacidad de oxigenación, que se intersecan para dar lugar a un continente subacuático donde el lector es convertido en un buzo de la condición humana.
Abonado al realismo norteamericano de la segunda mitad del siglo XX, Poissant radiografía las desgracias cotidianas de la clase media y media baja apuntando lejos y hondo, desnudando lo más putrefacto, decadente y sórdido del ser humano. Sus personajes, no obstante, son entrañables y nobles en la honestidad y el reconocimiento de sus errores y miserias. Solitarios, abrumados por la culpa, parasitados por la pérdida, atormentados por lo que no supieron decir o dijeron a destiempo ensayan un equilibrio de trapecistas para que la tragedia no los fagocite. Por eso la militancia en la autoflagelación, las soluciones desesperadas y los viajes a lo largo y ancho del país como peregrinaciones en busca de una redención imposible.
En esos recorridos de grandes extensiones, la naturaleza se revela en toda su majestuosidad a través de la pluma de Poissant que, en clave chejoviana, se sirve de ella para espejar el alma de sus personajes. Así, con una belleza incisiva y una precisión quirúrgica, la descripción de los paisajes atempera los relatos, mientras la presencia de lo animal los recrudece, haciendo palpitar lo imprevisto, brutal e instintivo.
Familias fracturadas, matrimonios en bancarrota sentimental y material, amistades irredimibles, relaciones padre e hijo descerrajadas y enmudecidas, primos condenados a un amor imposible, hermanos purgando un rencor veterano, son los fotogramas, que vistos en negativo, componen esta constelación de vidas implosionadas. Si el cielo es propiedad de los animales, a los humanos nos queda el infierno determinado por “el monstruo maldito de la naturaleza”. Una naturaleza signada por el desequilibrio de la pérdida mucho más que por la mentada economía de la supervivencia.
Poissant cifra su estrategia en multiplicar y hacer estallar como perdigonadas el sentido de sus historias, abordándolas desde una mirada tan personal y poderosa que las vuelven palpables e íntimas. Del mismo modo en que no escatima en ahorrarles reveses a sus personajes tampoco les hurta la fuerza de un amor implacable que los mantiene a flote, aunque tengan que boquear como peces fuera del agua. La experiencia que el lector vivencia mientras recorre estas páginas es similar: un deseo irrefrenable de continuar aunque luego tenga que recurrir, para reponerse, a un tempo respiratorio cercano a la hiperventilación.
Abstenerse los lectores al paso. Aquí lo que hay son historias al límite, de alto voltaje emocional y de muy baja capacidad de oxigenación
“Hasta ese momento no me había dado cuenta del poder que puede tener una palabra para ponerte súbita e indescriptiblemente triste”, declara Sam, uno de los personajes del cuento Reembolso. Todo un manifiesto literario disfrazado de revelación casual. Porque el poder de la escritura de Poissant es capaz de ello y de mucho más. Poissant escribe como si en lugar de tinta bombeara chorros de petróleo. Su escritura vibra, palpita, golpea. Este volumen de relatos, que empieza con un cuento (El hombre lagarto) cuyos personajes son retomados en el último (El cielo de los animales), es un claro ejemplo de ello. Una coherencia pasmosa atraviesa todo el libro y el nivel de los cuentos es tan parejo que realmente cuesta escoger uno. Y todos y cada uno de los avatares que padece el lector acompañando el derrotero de los personajes se ven recompensados por un intenso sentimiento de placer a tal punto que uno quiere que el libro no se acabe nunca.
Del autor sabemos que nació en Syracuse pero se crió en Florida, donde vive actualmente y enseña escritura creativa. El cielo de los animales es su primer libro y ha sido traducido a quince idiomas. Los relatos incluidos en él se han alzado con numerosos premios y han sido publicados en los más prestigiosos periódicos y revistas norteamericanos. Más de siete años le llevó forjar esta experiencia inolvidable.
Precio: $ 395
Páginas: 349
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