Progresismos
María Ferraz opina: “Durante décadas, los movimientos progresistas femeninos, han llevado a la mujer a creer, equivocadamente, que su liberación consistía en liberarse de su familia, es decir, en renunciar o aplastar su instinto maternal, o en descuidar la unidad familiar para dedicarse en cuerpo y alma a una tarea remunerada, abriéndose así a una supuesta emancipación, pero que ha concluido con toda una generación de hijos-huérfanos y maridos abandonados en lo afectivo, a pesar de las apariencias. Las trabajadoras, demasiado ocupadas y agotadas, han dejado entonces la educación de sus hijos en manos del Estado, fábrica de mutantes del pensamiento único que se ha puesto manos a la obra en crear el nuevo individuo -desligado de toda paternidad, moral y principios que no sean los que él impone-, inmerso en una masa apática y viciosa. Pero pocos ven el panorama que se abre ante nuestros ojos: hijos mayoritariamente únicos, tolerantes sólo con la perspectiva del cambio que viene de arriba y que quiere someterlos a las ideologías cambiantes, llámense espiritualidad sin religión, la divinización de la tecnología. Y esta generación concluirá con un estrepitoso fracaso salvo en los verdaderamente libres, ahogada en su propio error de cálculo”.
Comprensión de la realidad
Miguel Angel Reguera expresa: “Como una eterna epifanía allí están las palabras de José Ortega y Gasset en su prólogo para franceses de la Rebelión de las Masas: ‘.Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejia moral’. Frente a un dilema de política, economía, derecho, sociología o cualquier otro ámbito perteneciente a la moral pública, debe ampliarse la visión para comprender la realidad en toda su extensión. En la situación económico-social actual, confiar en que la lluvia de inversiones vendrá de la magnanimidad de aquellos que abandonarán la especulación financiera, para colocar sus ‘morlacos’ en emprendimientos productivos para acumular ‘stocks’ que no serán demandados (porque no hay quien demande), es inocente cuando no mal intencionado. El ‘ofertismo’ que ya se vivió en los 90’s con flexibilización laboral, rebajas en los aportes patronales, especulación financiera, plata dulce y apertura de importaciones, con la consecuente desindustrialización urbana, es un camino conocido y fatalmente lleva a una nueva crisis”.
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