Villa San Carlos cerró su participación en el torneo de Primera B, de visitante. Y lo hizo con un empate sin goles ante Platense, que aún no se aseguró su ingreso al torneo Reducido, que determinará el segundo ascenso a la B Nacional (el primero fue Deportivo Morón, el campeón del certamen).
Para el Celeste de Berisso fue un punto valioso, si se tiene en cuenta que venía de una derrota dolorosa y la jerarquía del rival, más allá de su pobre performance en el torneo.
A propósito del Calamar, tras el pitazo final del árbitro, los hinchas despidieron con una larga silbatina a los jugadores, por entender que no entregaron todo de sí para llevarse los tres puntos.
ORDENADO Y EQUILIBRADO
Sabiendo que necesitaba hacer un buen papel para borrar la última producción, que fue realmente para el olvido, San Carlos salió a jugarle a Platense de igual a igual.
Se plantó de manera ordenada y equilibrada y buscó sacar provecho de los errores del adversario para lastimar.
No fue tan punzante como se preveía, pero le complicó el panorama a un Calamar impreciso, que manejó la pelota gran parte del primer capítulo, pero que jamás lastimó a Pablo Bangardino.
Con esto, el Celeste fue haciendo su juego, y a medida que los minutos fueron pasando, terminó por afirmarse con mayor soltura y con otra entereza.
NADA DE NADA
En la segunda etapa, el partido en sí siguió siendo un fiasco, aunque Platense salió con otra determinación.
Se adueñó rápidamente de la pelota en el medio campo, a partir del trabajo de los volantes, y empezó a ejercer una mayor presencia en el campo de juego.
Sin embargo, chocó contra la inoperancia de los delanteros y con una defensa siempre firme, que respondió las veces que fue requerida.
San Carlos, en tanto, nunca perdió la brújula. Y si bien le costó armar jugadas de riesgo, se las ingenió para que Platense jugara siempre lejos de su arquero.
En los últimos minutos, San Carlos la pasó bastante mal. Porque Platense, presionado por su gente, se le fue encima.
Con pocas ideas, pero con entrega, el Calamar hilvanó una serie de jugadas que generaron que Pablo Bangardino anduviera a los revolcones. San Carlos, en definitiva, fue el que festejó el empate.
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