Si bien la función de los poros de la piel es permitir que salga transpiración del cuerpo, a veces el tamaño de los mismos en el rostro puede generar una incomodidad estética.
El tipo del piel que se tenga determinan en gran medida el tamaño de los poros y hay una serie de cuidados que permiten tenerlos bajo control.
Los poros sirven como vehículo de salida de la transpiración y del sebo. Depende del grado de secreción sebácea que la piel produzca el tamaño que tendrán los poros, por lo que serán más visibles en aquellas áreas más gruesas y seborreicas.
El paso del tiempo es otro factor. A partir de los 30 años, como la piel disminuye la producción de ácido hialurónico, el folículo pierde hidratación y hay también una merma en su capacidad de expulsar a la superficie el sebo producido por las glándulas. Así el sebo se acumula y el folículo se congestiona, aumentando el tamaño del orificio de salida.
La exposición al sol también es una causa que determina una piel más gruesa con visualización de poros, así como en el acné.
Por eso, atenta todo el año con la protección solar.
Si bien los poros dilatados pueden disimularse, nunca desaparecen, ya que conforman una característica del tipo de piel. Lo que sí se puede hacer es seguir una rutina simple de cuidados y mantener la piel siempre limpia.
Higiene: no más de una vez al día -preferentemente por la noche para eliminar toda la suciedad acumulada a lo largo del día-.
Hidratación: en la medida justa y adecuada.
Exfoliación: debe ser suave y sólo una vez por semana.
Se debe seguir una rutina simple de cuidados y mantener la piel siempre limpia
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