Dermatóloga y docente de la facultad de Ciencias Médicas platense, Elina Susana Torres se destacó por su solvencia profesional y su calidad humana. Su fallecimiento, a los 81 años, generó hondas expresiones de pesar entre quienes valoraron su compromiso con la enseñanza y su don de gentes.
Había nacido el 16 de abril de 1936 en Balcarce, provincia de Buenos Aires. Hija de Urbano Torres y Herminia González, fue la mayor de cinco hermanos, y a los 17 años viajó a La Plata para estudiar junto a una de sus hermanas (Herminia,quien se transformaría en la primera cirujana mujer del país) la carrera de Medicina.
Con muchísimo esfuerzo, ya que nunca dejó de ayudar a sus hermanos y al llegar al cuarto año de la trayectoria académica se vio obligada a dejarla en suspenso por motivos personales, logró graduarse.
En ese ínterin, se casó con Néstor Cordone, con quien tuvo dos hijas (Silvia y Mercedes). Tras formar su hogar retomó las riendas de su vocación, logrando recibirse a los 45 años e iniciar la etapa que incluyó una fecunda actividad pedagógica, como jefa de trabajos prácticos de la cátedra de Dermatología de la facultad de Ciencias Médicas; también se desempeñó como docente en el área de posgrado de esa unidad académica.
Ingresó, con la ayuda del doctor Martín Laguens (padre) a la clínica Ipensa. También abrió su consultorio particular de Ensenada, donde atendió a numerosos pacientes sin recursos; su impronta solidaria la llevó a desplegar una incansable actividad en el Hogar Marín, donde dejó su sello de entrega profesional sin esperar nada a cambio.
También trabajó en Florencio Varela como dermatóloga. Una de sus principales características fue la de dedicarle el tiempo necesario a cada paciente, lo que le permitió cosechar el profundo afecto de la gente que visitaba su consultorio.
Tuvo cuatro nietos: Mauro, Victoria, Joaquín y Nicolás. Como hizo con sus hijas, también les dedicó horas de altísima calidad afectiva, contándoles cómo fue su vida rural en la infancia y la adolescencia, como era la vida en Balcarce, las costumbres, y transmitiendo numerosas enseñanzas para valorar los principales ejes de la vida.
Le apasionaba viajar y contar historias para transferir sus experiencias como caminos para seguir por el esfuerzo, la honestidad y la valoración de los logros en la medida del sacrificio que se incluyó en cada emprendimiento.
Falleció en Neuquén, donde descansan sus restos. En numerosos ámbitos por los que dejó su impronta siempre la recordarán como una profesional que entregó todo su conocimiento para atender las diferentes necesidades de sus pacientes y sus colegas, y en el ámbito familiar y de los afectos también dejó el sello de compartir todo lo que tenía a su alcance.
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