A más de medio siglo desde su debut como cineasta, el muy celebrado cineasta italiano Marco Bellocchio, de 77 años, regresa a las pantalla grande con otra propuesta monumental y a contramano de las estéticas imperantes tanto en el cine estadounidense como en el europeo.
La nueva propuesta del director de “Vincere” y la reciente “Sangre de mi sangre”, que llegó a los cines nacionales el año pasado, se llama “Felices sueños”, un paso más dentro de la exploración de Bellocchio, en este caso a partir de la novela de Massimo Gramellini, en un relato espectral y que juega con las formas de narrar, aunque, como es habitual, sin abandonar un retrato pretendidamente realista.
La cinta comienza en Turín, en el año1969: la idílica niñez de Massimo, 9 años, se quiebra por la misteriosa muerte de su madre. El joven, atormentado, se rehúsa a aceptar esta brutal pérdida, incluso si el cura dice que ella ahora está en el Cielo.
Años después en los 90s, Massimo, ahora adulto, se ha convertido en un habilidoso periodista. Y luego de reportar sobre la guerra en Sarajevo, empieza a sufrir de ataques de pánico.
Mientras se prepara para vender el departamento de sus padres, Massimo es forzado a revivir su trauma pasado. Elisa, una doctora compasiva, podrá ayudar al atormentado Massimo a abrirse y confrontar sus heridas del pasado.
POETICO VIAJE
Planteada como un poético viaje anticronológico, “Dulces sueños” explora la persistencia del dolor provocado por la pérdida de la madre de Massimo, interpretado por Valerio Mastandrea (“Viva la libertad”, “Pasolini”).
La película viaja adelante y atrás en el tiempo a través de rimas visuales y conceptuales, y nos lleva desde a través de un onírico viaje que sin aviso pasa de unos saltadores de trampolín olímpicos de Munich 1972 a un busto de Napoleón lanzado por una ventana. Un viaje donde el dolor por la pérdida parece ensombrecer todo.
Hasta Elisa, claro: la aparición de la doctora compasiva interpretada por la actriz franco-argentina Berenice Bejo (de fama internacional por la oscarizada “El artista”, de 2012, por la que ganó un César) se abre como una posibilidad para sanar.
Con 10 nominaciones a los premios David di Donatello, que galardonan lo mejor del cine italiano (aunque ninguna flor), y la presencia detrás de cámara del que quizás sea el mejor cineasta italiano en vida, “Felices sueños” aparece como una posibilidad para ver cine europeo de calidad en la pantalla grande, una chance cada vez más escasa en los días de tanques hollywoodenses y superhéroes.
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