El segundo viaje al exterior de Donald Trump tuvo menos momentos embarazosos que su primera gira, cuando los líderes europeos se volvieron más escépticos hacia el presidente estadounidense. Hubo menos críticas públicas a los aliados y menos empujones para ponerse al frente durante las fotos oficiales. Sin embargo, Trump partió de Europa con la misma posición en la que llegó: un factor impredecible en el escenario mundial y un elemento atípico entre los viejos aliados de EE UU.
Para los partidarios del presidente, con su postura cumple sus promesas de campaña: hacer menos definida la política exterior de EE UU y desafiar los acuerdos globales establecidos. Sus detractores dicen que Trump sigue enviado mensajes confusos al mundo. “Nuestros socios y aliados buscan significado e intención en esas palabras y van a interpretar lo que quieran, que podría ser o no lo que Trump quiere decir”, afirmó Laura Rosenberg, ex asesora política de Hillary Clinton.
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