De Leone realizó casi en simultáneo “La muerte no duele” y “El Aprendiz”, ficción que se estrena en cartel en agosto y que fue premiada en el Festival de Mar del Plata, el año pasado.
“Son placeres distintos”, dice sobre ficción y documental, que, afirma, “está ligado a algo más grande que el deseo de uno, que el deseo del artista”.
“El documental es el primo pobre de la ficción: para el mercado, para los espectadores, para el financiamiento... Y además, hay que estar preparado para hacer un documental: cuando vos hacés una ficción tenés un período donde escribís, conseguís el financiamiento, filmás y montás, y tenés la película. El proceso del documental en general no es así: investigás durante años, a veces sentís que allí no hay una película, conseguís algo de plata y hacés un montón de entrevistas que te llevan a hacer otras entrevistas por el otro lado... La película se arma en el camino”, explica sobre el proceso que define como “un trabajo muy solitario: yo edité la película porque no había plata. No sé si todos los realizadores disfrutan de ese tipo de proceso”.
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