Risueña y conversadora, Genoveva Lebed esperó ayer con ansiedad que su sobrino le diera la lupa que pidió de regalo para ver con mas nitidez y el momento de cortar la inmensa torta de cumpleaños, rodeada de su familia y amigas de la residencia de barrio Meridiano, en la que vive desde hace 5 años. “Acá la que da mas trabajo soy yo”, asegura con simpatía la mujer que nació un 11 de julio de 1917.
Con una memoria prodigiosa, Genoveva cuenta que es de Berisso y repasa la época de estudiante: “Fui a la escuela 52 y después a la secundaria, cuando terminé me quise emplear, pero como no había cumplido los 18 años no me dejaron”.
La mujer es descendientes de polacos que llegaron a la Región antes de que estallara la Primera Guerra Mundial; la familia se asentó en la calle Río de Janeiro, un punto que se convirtió en emblemático por sus bares y por el paso del tranvía.
En su juventud una de sus aspiraciones era ingresar al frigorífico Swift y, al cumplir la mayoría de edad, lo consiguió. Se desempeñó durante 29 años en el área de contaduría.
Esa fue una época de pujanza obrera en su ciudad natal y Genoveva recuerda que el frigorífico aglutinaba trabajadores que provenían de diferentes lugares como La Plata, City Bell y Villa Elisa.
“Estaba dispuesto por ley que a los 45 años te jubilaran, pero yo trabajé dos años mas”, asegura y agrega que después hizo cursos de costura para hacerse su propia ropa.
También habla de un pretendiente frustrado por su desconfianza y de Alberto Baffetti, otro empleado del frigorífico que conoció en la oficina y tuvo mejor suerte en eso de “flecharla”. “Estuvimos casados 61 años y medio, pero a mi no me pareció mucho tiempo, fuimos muy compañeros”, apunta y repasa los lugares en los que trabajó su esposo, como cuando lo despidieron y se desempeñó en la Dirección de Escuelas; además integró el directorio del Banco Cooperativo de Berisso.
La vida también le dio unos sobrinos que la acompañan y que ayer la colmaron de atenciones. “Yo soy la tía vieja, ellos son muy buenos y como tiene que ser, cada uno está con sus cosas y nietos”, dice, mientras Alberto y Ricardo - sus sobrinos -, le acercan una corona y un bastón para hacerla sentir mediante la humorada, la reina de la fiesta.
La cumpleañera confiesa que come de todo porque sus preferencias son variadas, pero se lamenta de no poder caminar todo lo que quisiera, “ahora no hago nada, de nada, solo me he puesto conversadora con mis compañeras, eso que siempre fui callada y tímida”, agrega.
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