Pasajes aéreos
Rodolfo E. Vígnolles dice: “Por medio de una tarjeta de crédito accedí a un viaje a la isla San Andrés, Colombia; viajé el 14 de junio; el regreso estaba previsto para el jueves 22 pero el día sábado 17 a la noche recibo un llamado desde Argentina donde me comunicaban que mi madre había tenido que ser internada por un cuadro respiratorio severo por lo cual debí adelantar mí regreso (soy único hijo). El domingo a primera hora me fui al aeropuerto para solucionar mi problema; me dijeron que sólo telefónicamente se podía hacer; tardaron 4 horas en poder comunicarme que si quería viajar tenía que comprar un pasaje nuevo pues como el regreso estaba comprendido en las millas acreditabas, lo perdía; consiguieron un billete por 14.304 pesos. Pregunto cómo un pasaje a la Isla ida y vuelta sale $ 15.700 aproximadamente y a mí sólo la vuelta me salió $14.000. Llegué el día 20 a la madrugada. Mi madre murió el 21 .Como había expresado mí urgencia tenía que enviar documentación, lugar donde se encontraba internada y estado, y datos de parentesco. Terminados los trámites de velorio y cremación, envié la documentación requerida, certificado de defunción y copia de libreta de familia que acreditaba el vinculo, recibiendo como respuesta que ese era el valor más económico que teman y daban por resuelto el caso. Conclusión perdí el pasaje de vuelta previsto para el jueves 22 y me cobraron el pasaje el doble de lo que me saldría viajar sin las millas ganadas”.
Dar el ejemplo
Eduardo C, Ferenczi refiere: “Las personas en su afán de obtener dinero y rápido, sin importar la forma, perjudican a todos. El ejemplo debe provenir de arriba desparramándose hacia abajo de tal forma que quienes ahí están, miren en esa dirección. Varias veces hemos confiado en los funcionarios pero nos han defraudado. Hemos dicho que no sirven las Instituciones pero cometemos el error. Son las personas. Y no creemos en el Congreso y son los legisladores, que hemos puesto, quienes nos estafan. Decimos ‘qué país tenemos’ y son las autoridades políticas que no sirven. Lo mismo sucede con la Justicia. Ningún bien inmueble se compra o se vende si no es a través de una autoridad que fue la imagen de lo probo, el escribano. Ahora dudamos y desconfiamos. Los empleados públicos nos piden originales de documentos ya que no creen en nosotros. Y nosotros tampoco en ellos. Solamente nos va quedando nuestra propia sombra en quien confiamos, pero ¿hasta cuándo?”.
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