BEIJING.- El régimen chino controló ayer hasta el último adiós al Premio Nobel de la Paz y símbolo de la democracia Liu Xiaobo, al permitir únicamente que se celebrara una breve ceremonia con la asistencia de su viuda y un reducido grupo de familiares. Al amanecer, y menos de dos días después de que el Nobel falleciera en un hospital bajo custodia, su esposa, Liu Xia, y algunos allegados asistieron a un funeral orquestado de forma expedita por el gobierno chino sin la presencia de los amigos más cercanos.
En las imágenes que distribuyeron las autoridades de la ciudad de Shenyang, donde pereció Liu Xiaobo de un cáncer de hígado, se podía ver a una compungida y débil Liu Xia, vestida de estricto negro y con la mirada fija en el ataúd abierto, poco antes de que se incinerara el cuerpo y se esparcieran sus cenizas en el mar. Frente a ella aparecían una serie de personas que los amigos de la pareja, excluidos del funeral, no consiguieron identificar y que algún corresponsal extranjero consideró agentes de las fuerzas de seguridad. “Aunque las autoridades dijeron que eran amigos cercanos, los que están allí son miembros de las fuerzas de seguridad”, dijo Hu Jia, amigo desde hacía años de Liu Xiaobo. (EFE)
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