Comicios
Juan Antonio Vázquez dice: “Una canción evoca: ‘¿Te acordás, hermano? ¡Qué tiempos aquellos!’; Otra, asesora: ‘Al Don, al Don / Antón Pirulero / cada cual, cada cual / que atienda su juego, / y el que no lo atienda / pagará una prenda’. En mayo de 2017, según algunos medios periodísticos, la Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires relativizó el triunfo de Roberto Raúl Baradel en los comicios del Sindicato Unico de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires. Ella dijo: que ‘(a Baradel) no lo eligieron todos los docentes; lo eligió un tercio, que es lo que representa el SUTEBA; dentro de ese tercio, un 70 por ciento’. En las elecciones estatales obligatorias (25 Oct. 2015), en esa Provincia hubo cerca del 25% del Padrón Nacional de electores que se abstuvieron, o votaron en blanco o anularon sus votos o se impugnaron; de ese remanente votaron a María Eugenia Vidal cerca del 37%. Mi enfoque agnóstico: ¿En la República Argentina, en los comicios para elegir a humanos a cargos públicos obligar a votar parece antidemocrático, autoritario, fraudulento e ilusorio? ¿La participación ciudadana debería ser optativa y voluntaria como en muchos países democráticos? ¿El voto obligatorio parece como vender humos?”.
Labor periodística
Daniel E. Chavez opina: “¡Terrible tiempo, el presente, para quienes ejercen la labor periodística en Argentina! Porque a la verdad informativa tan ansiada y esperada por el pueblo que intenta vivir comprometido y responsablemente, se opone muchas veces la mentira que obstaculiza los buenos propósitos que distinguen a los actores principales de nuestro destino como nación. Sumado a esto, se encuentra la opinión muchas veces irresponsable, desmesurada, falsa e insolente de cierta gente, en los espacios que para ello ofrecen libremente los medios. Ante tamaña confusión, emerge el periodista como árbitro de las contiendas, con el deber, el arrojo y la hidalguía de señalar donde comienza y donde termina la verdad y la mentira, poniéndole a su arbitraje nombre y apellido y dirección de contacto para quienes quieran expresarle su conformidad o desacuerdo con lo que él dictamina. Si bien nadie es dueño de la verdad, generalmente el hombre o mujer que informa lo hace en base a los hechos y al análisis exhaustivo de dichos sucesos, movido por la convicción de sacar a luz la verdad de los mismos, con indiscutible buena intención de fondo”.
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