Mail: afcastab@gmail.com
El Papa nos sigue esquivando. Ahora dios instrucciones para que el avión, que el próximo enero lo llevará desde Chile a Perú, se abstenga de andar volando sobre suelo argentino. Salvo una emergencia, aunque por estos lados emergencia es lo que sobra. Francisco ya avisó que elegirá la ventanilla que da al Pacífico para evitar echarle una ojeada a la patria. Alguna vez Ulises se ató para no ser tentado por el canto de las sirenas. Y su Santidad, sin Penélope a la vista, se tapará los ojos para no adivinar el parpadeo de las luces que a lo lejos, ni tener que volver con la frente marchita. No vendrá. No nos incluye por ahora en ningún programa viajero. Tiene un presentismo más difícil que el de Baradel. Ha dicho –o le hacen decir- que teme tanto a los conflictos criollos que, cuando nos apacigüemos, recién va a volver. O sea… por lo siglos de los siglos, amén.
Es curioso que un Papa, puesto como embajador divino para gestionarle paz y justicia a toda la Tierra, le tema tanto a las riñas internas. Y eso que Francisco tiene fama de intrépido. Visitó zonas prohibidas, desafió amenazas y predicó en territorios hostiles. Evidentemente, los enfrentamientos de este lado tienen otra temperatura. Esto no es pa´ cualquiera. Y la familiaridad no hace más que aumentar sus recelos y sus precauciones. No bajará ni aunque le aseguren más ángeles de la guarda. Sabe que en un país sensible y aprovechador hasta una bendición puede ser partidista. Hay tanta suspicacia en el aire, que aterrizar en Ezeiza ya forma opinión. Bergoglio no se cansa de releer los Evangelios, quiere encontrar alguna parábola milagrosa que logre desentrañar los fantasmas de una grieta que parece invitarlo a caerse. Les recomendó a los pilotos que cuando merodeen por América, eviten Argentina. Es que si bajara se encontraría con otro paisaje. ¿Qué hace la gendarmería patrullando? ¿Por qué tanta crispación? El Papa ya se acostumbró a la Guardia Suiza, una infantería medio afeminada que a falta de tiroteos verdaderos se deja balear por sus empleadores. Pero aquí la cosa es distinta. Por eso les dijo a los pilotos que ni nos miren. Hasta el cielo argentino es de temer.
Su Santidad se cuida. Aterrizar en Ezeiza es formar opinión. Teme que uno lo use y la otra lo emboque
El Papa esquiva los conflictos criollos. Y ha dicho que sólo cuando nos apacigüemos, recién ahí va a volver. O sea… por lo siglos de los siglos, amén
La naturaleza siempre nos da un espejo para poder entender mejor lo que pasa. La letra chica de la realidad da pistas y marca rumbos. El anuncio de que, si mejoramos la conducta, el Papa vendrá a visitarnos, coincidió con el descubrimiento de un iceberg colosal que se había desprendido de la Antártida y venia flotando a la deriva para este lado. El texto de la gacetilla científica invita a la metáfora: “los estudiosos venían monitoreando esta enorme grieta. Y en los últimos meses advirtieron que la masa de hielo pendía de un hilo Un monumental pedazo de hielo con una superficie equivalente a la de un pequeño país o 25 veces la de la ciudad de Buenos Aires acaba de desprenderse de la península antártica y ahora flota libremente en el mar de Weddell. Los científicos del proyecto Midas, que venían monitoreando la grieta que lo separaba velozmente de la plataforma helada, estiman que la separación completa ocurrió en algún momento desde el último lunes. El proceso comenzó hace alrededor de siete años”.
¿Una rémora de la crisis del campo? Bergoglio habrá recibido con sorpresa esta señal enviada por la naturaleza. Que la grieta avance desde el sur, no lo habrá asombrado. Sabe que empezó como una jauría que quería volver a las mordidas. Y que se hizo hielo para ir derritiendo las ilusiones del nuevo gobierno. El iceberg procede como Francisco: como no se anima a llegar, se disuelven gustoso antes de tocar el continente, pero deja su mensaje.
¿Sentirá el papa que su presencia en vez de paz terminará profundizando la grieta? Es difícil ponerse en el alma de un sumo pontífice. Los caminos de la Iglesia son sinuosos y este Papa, a la hora de las sonrisas y las visitas, ha enviado señales difusas a una tropa política que siempre saca las conclusiones que le convienen. Quizá venga a peregrinar en el 2018, según adelantó un conocido columnista. Pero, si nos portamos bien. Una demanda disciplinaria que cada uno sabrá calificar y que le ha dado nuevo argumento a la campaña. Cambiemos, que cada vez que fue a timbrear al Vaticano recibió más portazos que sonrisas, rehizo discursos y expectativas a la sombra de este viaje remoto. Creen que los ayudará. El nuevo slogan del macrismo es arriesgado: “si Ud quiere que el Papa venga, hay que votar al oficialismo para ordenar la cosa”. ¿Qué harán los creyentes K? Demasiado compromiso para un electorado que no está para andar complicándose en una interna celestial. El ultimátum es capcioso. Por eso el Papa se cuida: teme que uno lo use y la otra lo emboque. Así está la cosa. Mientras el ingeniero y la abogada exitosa sueñan, el Vaticano duda. Y los monaguillos del Pro rezan para que el escrutinio traiga un 2018 con paz, quórum y Papa.
(*) Periodista y crítico de cine
SUSCRIBITE a esta promo especial