La economía avanza con mejor ritmo en el inicio del segundo semestre, con un crecimiento anual que terminaría cerrando en alrededor del 3% respecto del 2016.
Nada extraordinario, aunque un paso importante si se toma el punto de partida con fuertes desequilibrios y estancamiento.
De esta manera, las legislativas de octubre próximo llegarían con una situación económica más holgada.
Un dato que el Gobierno espera computar a su favor en el resultado electoral.
La experiencia dice que los oficialísimos ganan cuando la economía está en crecimiento.
Aunque no es una regla inexorable.
La recuperación en curso, no es tan sustancial y seguramente habrá otros argumentos que pesarán en la elección del voto ciudadano.
INFLACION
La inflación está en retroceso, aunque sin alcanzar las metas oficiales.
Con la suba de 1,2% en junio, el acumulado de los últimos 12 meses alcanza al 21,9%.
En tanto que el promedio móvil de los últimos tres meses arroja una inflación núcleo anualizada del 22,9%, que es un dato significativo si se compara con el registrado un año atrás del 40%.
El empleo privado está en recuperación, aunque de una manera despareja, en donde el trabajo industrial no repunta.
Es un fenómeno mundial, que no tiene contrapeso en la Argentina.
El futuro inmediato, de cualquier manera, tiene muchos interrogantes.
Se avizoran impactos locales y otros que vienen de afuera.
El Lava Jato brasileño ha cobrado un efecto regional inesperado, y su influencia seguramente irá in crescendo.
Difícilmente pase desapercibido localmente.
La condena de prisión para Lula, el ex presidente más popular de Brasil y aliado del kirchnerismo, es un espejo en el que no deja de mirarse buena parte de la clase política y empresaria, no menos que la judicial.
El proceso abierto con el Petrolao y Odebrecht es una caja de Pandora que ha cobrado vida propia fuera de Brasil.
En Perú, el ex presidente Ollanta Humala también ha sido condenado.
La semana pasada viajaron cuatro jueces federales y dos fiscales argentinos a reunirse con funcionarios norteamericanos que siguen los casos de sobornos pagados por la constructora brasileña en Argentina.
Las causas del ex ministro De Vido tienen un impulso externo que excede el que pueda tener localmente.
¿Qué información saldrá a la luz de esa investigación?
¿Cuantos políticos y empresarios de uno u otro color serán salpicados por el escándalo?
ESPECULACIONES
Por el momento, la especulación excede a los avances judiciales, aunque parece bastante probable que tenga un correlato no solo político.
El establishment sigue muy de cerca el proceso e imagina muchos riesgos por delante.
En el capítulo económico, el interrogante principal es si luego de los comicios y que se corra el velo de los casos de corrupción habrá margen para las reformas económico que bajen la enorme presión tributaria y el rojo fiscal.
Aunque también rondan los otros temores de la gobernabilidad.
Brasil, tras la caída de Dilma Roussef y ahora la condena de Lula, ingresó en una espiral de sospecha que conmueve a toda la estructura institucional.
Los jueces y la Corte rigen buena parte del futuro del país. Y la opción de un gobierno de la justicia, como advierten en Brasil, genera más inquietudes en la Argentina.
Claro que nada se puede trasladar linealmente.
El caso argentino quizás sea más complejo, aunque los aires soplan hoy en una dirección bastante definida.
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