Ya está. Ya pasó el susto. La mayoría de las dudas fueron despejadas. Cerraron las listas de precandidatos para las PASO. Ahora, si usted espera que a partir de este momento la clase política -o los candidatos- se pongan a trabajar en serio por los problemas que le preocupan a la gente, tal vez se lleve una desilusión.
El cierre de listas es apenas el primer paso. Desde el domingo pasado, la centralidad de la problemática, pasa por ver como se solventa la campaña; como se consiguen los muchachos que salen con los tachos de pintura a enchastrar todo paredón que se le ponga a tiro. Es decir, los candidatos, esos que nos escribirán las leyes a partir del próximo 10 de diciembre, están enfrascados en cuestiones centrales para el devenir de los tiempos. Hay que pedir presupuesto para los afiches, hay que conseguir los fiscales de mesa suficientemente hábiles como para embarrarle la cancha al rival en la interna; hay que hacer un casting de esos pibes que ya vienen con el chip incorporado de la vida digital, para que de lunes a lunes y durante las 24 horas, instalen el nombre del candidato en Twitter, SnapChat, Facebook, Instagram y toda red social inventada o a inventar porque, se sabe, las elecciones ya son una cuestión de marketing.
Y, ojo, cuidadito, estimado votante. Ni se le vaya a ocurrir tratar de reverdecer aquella vetusta costumbre de solicitarle a un candidato que presente su plataforma, sus ideas, sus proyectos, sus soluciones concretas para los problemas que vemos todos, pero de los que nadie se ocupa.
No señor. Esa es la vieja política. Es la que queremos arrumbar debidamente en el arcón de los recuerdos y de las malas costumbres.
Hoy, avíspese de una vez, estimado votante, lo que se usa es la nueva tecnología de la comunicación en la que el secreto es analizar los problemas de la sociedad, como si uno fuera un observador de las Naciones Unidas recién llegado al país, aunque hasta ayer haya sido presidente o ministro de la gestión que acaba de finalizar.
¿O usted se piensa que la gente tiene memoria? ¿O que se va a acordar que la crisis que hoy vemos, viene como desde hace diez años atrás, pero la escondíamos debajo de las cifras falsas del INDEC? Mire si alguien se va a venir a acordar de ese mínimo detalle; ¡por favor!
Estamos en campaña. ¿Se entiende? Todavía no pasó, pero recuerde que en los próximos días, su teléfono sonará desesperadamente a las cuatro de la mañana y cuando levante el tubo escuchará: “Hola, soy fulano de tal y te llamo para invitarte a sumarte a la transformación que se viene en (aquí el discurso tiene sus variantes; puede ser la ciudad, la provincia, el país, o la sociedad de fomento, según las necesidades del caso). Y uno, que estaba durmiendo plácidamente, se quedará regulando y sin poder conciliar el sueño, con el agravante de que en pos de la modernidad, ya ni siquiera se respetan las más mínimas reglas de cortesía y urbanismo. Es que los tipos -perdón, los candidatos-, que no te conocen, que no tienen idea de con quien están hablando, se toman la libertad de tutearte porque algún iluminado asesor (ahora están de moda los ecuatorianos) seguramente le dijeron al fulano (es decir al candidato) que tutear lo acerca más a la gente, lo hace más humano, ¿viste?
Y sinceramente, uno que a lo mejor es medio chapado a la antigua y sigue funcionado con las anticuadas normas analógicas, cree que la humanidad de un candidato, debería pasar por laburar en serio para mejorar la educación, la salud, la seguridad. Es decir, cosas básicas que, seguramente, quedarán para empezar a debatir después de esta campaña y durante los pocos meses que medien hasta el inicio de la próxima.
SUSCRIBITE a esta promo especial