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Los pecados capitales

Por Redacción

Escribe Monseñor DR. JOSE LUIS KAUFMANN

Queridos hermanos y hermanas.

Los grandes delitos del ser humano son llamados pecados capitales. Son aquellos delitos por los cuales se busca un fin concreto que involucre la voluntad y dirigirla hacia otros delitos relacionados con el mismo fin. Es decir que son la fuente y la causa de muchos otros vicios y pecados. Son como un efecto genérico del desorden de los instintos y de las tendencias que tiene el ser humano como consecuencia del pecado original. Cuando se trata de actos malos aislados, a los que la naturaleza humana caída está inclinada, se los denomina pecados capitales, y si son repetidos con cierta frecuencia se los califica como vicios capitales.

“Los vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen, o también pueden ser referidos a los pecados capitales que la experiencia cristiana ha distinguida siguiendo a san Juan Casiano y a san Gregorio Magno. Son llamados capitales porque generan otros pecados, otros vicios. Son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la pereza” (Catecismo, 1866). El vocablo “capital” no se refiere a la magnitud del pecado sino a que da origen a muchos otros pecados. Santo Tomás de Aquino dice que “vicio capital es el que tiene un fin sumamente apetecible, de manera que su deseo dé origen a muchos pecados derivados.” (Sum. Th. II-II q.153, a. 4).

Lo que se desea o se rechaza en los pecados capitales puede ser material o espiritual, real o imaginario. Todos tenemos una tendencia hacia los pecados capitales

Lo que se desea o se rechaza en los pecados capitales puede ser material o espiritual, real o imaginario. Todos tenemos una tendencia hacia los pecados capitales. Sin embargo, la simple conexión entre los pecados no basta para determinar si son capitales, porque todo pecado - que hiere al ser humano y lo aleja de Dios - debilita la voluntad de quien delinque y la inclina a nuevos pecados. Para que se precise el pecado capital tiene que darse una conexión más específica, una subordinación de fines entre los pecados que se siguen y un determinado pecado capital.

No todos los pecados o vicios capitales son mortales, pues muchas veces no pasan de veniales; y así, no se llaman capitales por ser siempre pecado grave, sino porque son cabeza y raíz de muchos otros.

Nada obsta para que en quienes predomina uno de los vicios capitales también existan caídas en los otros seis, pues el pecado convoca al pecado; el que está sucio no tiene reparo en seguir ensuciándose; y que se ha alejado de Dios no se interesa por la distancia.

Lo importante es que cada cristiano tenga el valor de saber examinarse con honestidad y discernir si existe alguno de los pecados capitales. En caso afirmativo deberá permitir que el confesor o director espiritual lo oriente en el trabajo espiritual en orden al vencimiento definitivo de ese o esos vicios, por medio de la virtud o virtudes que corresponda. Debe saberse que estos vicios se arraigan fácilmente, sobre todo si no hay una ascesis estable, y sólo pueden ser erradicados con un firme propósito de conversión y una vida de oración y penitencia.

Todos tenemos la constante ayuda de Dios para vencer el mal en cualquier manifestación. Dios siempre tiene la iniciativa para ayudarnos. Sólo es necesario que tengamos una voluntad sana y una confianza madura en el poder de Dios. “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Filip 4, 13).

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