En “Del cambio de época al fin de ciclo”, la filósofa y ensayista Maristella Svampa analiza los déficits y aciertos de los gobiernos progresistas que se iniciaron en Latinoamérica hace más de una década para contrarrestar las secuelas del neoliberalismo y alentaron políticas como la ampliación de derechos sociales y el crecimiento del rol del Estado, hoy acechadas por el giro conservador que domina la región.
Durante 2003 y 2006, mientras en Europa y los Estados Unidos se expandía el malestar provocado por el rebrote xenófobico y las desigualdades sociales, la expectativa política estuvo depositada en las fuerzas progresistas que gobernaron el continente impulsadas por el boom del precio de commodities como la soja y los minerales, que permitió aumentar el gasto social y facilitó los intercambios regionales.
Con el correr de la década, el capital político de estas gestiones se fue escurriendo a medida que se esmerilaban sus conquistas: el modelo extractivista -centrado en la explotación minera y la ampliación de la matriz petrolera- cosechó objeciones por sus amenazas al medio ambiente, el crecimiento económico se desaceleró o se interrumpió, afloró la corrupción y, finalmente, el personalismo de algunos líderes marcó un viraje hacia el populismo.
“Hubo un agotamiento político del progresismo, lógico después de tantos años de hegemonía, un cansancio en relación a la narrativa tan polarizante y sobreactuada en lo social, lo político y lo económico, que generó heridas profundas en nuestras sociedades, que están lejos de cerrar -destaca Svampa-. Y con el arribo de gobiernos de derecha, la polarización no cedió”.
A la hora de precisar si la Argentina atraviesa una nueva versión del neoliberalismo, la ensayista opina que “se podría decir que no hay una vuelta lineal al neoliberalismo noventista, pero sí un aggiornamento, en el cual se mezclan políticas clásicas de ajuste, de transferencia directa de ingresos a los sectores más concentrados, con tópicos propios de un conservadurismo social y territorial, orientado hacia los más excluidos, como el aumento de la asignación universal por hijo o de los planes sociales hacia las organizaciones piqueteras. Por otro lado, los niveles de conflictividad son muy altos y no hay visos de que vaya a instalarse un consenso neoliberal como en los 90. Existen amplios sectores subalternos que reaccionan frente a estas políticas reafirmando un determinado lenguaje de derechos, que está muy ligado al nuevo ciclo de movilización social que se abre en 2001-2002 y se reconfigura luego durante el kirchnerismo. En ese sentido, la sociedad no es la misma que la de los 90”.
Editorial: Edhasa
Páginas: 296
Precio: $ 365
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