El largo y por momentos acalorado debate terminó al filo de las 9 de la noche del miércoles último.
El resultado, inapelable, indicó que los 95 votos de los diputados que se opusieron a la separación de Julio De Vido de su banca en la Cámara baja, eran más que suficientes para sostener los fueros del ex ministro de Néstor y Cristina Kirchner y preservarlo de las más de 100 investigaciones y acusaciones judiciales que pesan sobre su cabeza, entre ellas, la de haber sido el máximo responsable de las 51 muertes de la tragedia de Once.
De Vido, para gran parte de la sociedad, es ni más ni menos que la cara de la corrupción del gobierno que se fue.
De Vido, para otra porción de los argentinos, representa la víctima de una supuesta campaña persecutoria ejecutada con meridiana precisión por una entente conformada por el macrismo, la Justicia y los medios de comunicación.
Difícilmente las partes, separadas por las consabida grieta, puedan llegar a un acuerdo, pero lo cierto es que mientras la sociedad permanezca enfrascada en ese debate, De Vido seguirá ejerciendo como diputado y Cambiemos -por ahora- se tendrá que conformar con el pequeño ¿premio? de haber dado una batalla (perdida en este caso) en la guerra contra la corrupción y el cuidado de los bienes públicos.
Que el camino elegido por Cambiemos no fue el correcto, argumentan por un lado. Que se debiera haber buscado una suspensión temporaria, dicen los aliados de Massa.
Que la culpa es de la Justicia, que durante años “durmió” las causas que involucraban al ex súper ministros y que recién les dio impulso ahora, para satisfacer las demandas del Gobierno, intentan convencer desde el “grupo de los 95”.
Fuere cual fuere la verdad, lo cierto y lo concreto es que De Vido sigue con fueros y en su banca. Y mientras tanto, el ciudadano común espera que alguien de respuestas por los muertos de Once, por los trenes chatarras, por la renegociación de los contratos ferroviarios, por los subsidios dilapidados en el gas oil para el transporte, por la mina de Río Turbio, por Skanska y por los contratos de Lázaro Báez, entre otras.
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