Una mujer de 31 años salía de su casa en barrio Hipódromo para hacer unas compras, ayer a las 16.30. De repente, cuando estaba de espaldas cerrando la puerta con llave, la sorprendió un delincuente que la amenazó con un revólver y la hizo entrar de nuevo.
Así comenzó un asalto de casi 10 minutos de duración, en el que el ladrón la mantuvo todo el tiempo reducida. Sucedió en 42 entre 121 y 122. La secuencia pasó ante la mirada inocente e incrédula de los cinco hijos de la víctima, de entre tres y nueve años.
A ninguno de los nenes les hizo nada, aunque les ordenó que se quedaran callados. Ellos vieron cómo el extraño -de gorra y capucha- sujetaba a su madre del brazo, para obligarla a recorrer las distintas partes de la casa.
De poco más de 20 años, el delincuente no dejó ninguna parte de la vivienda sin revisar. Principalmente buscaba plata y elementos de valor fácilmente transportables, sin quedar en evidencia cuando se los llevara por la calle.
“Me decía que si no me quedaba callada les iba a hacer algo a los chicos”, afirmó Verónica. De esa manera fue que se apoderó de unos 5500 pesos y de dos celulares, según indicó ella.
Al final, el intruso decidió terminar con el robo y volvió a la calle. Ni se molestó en cerrar la puerta de entrada a la casa. La mujer vio cómo se iba rumbo a la diagonal 115, para después perderse.
Hasta donde Verónica divisó, nadie acompañaba al asaltante, que tampoco tenía un vehículo cerca.
Ella pidió auxilio al 911 enseguida. “Vinieron cinco policías”, dijeron los chicos, todavía asustados por una situación tan extraña y violenta para ella. “Se fueron y no quedó ninguna custodia”, se lamentó la madre. Verónica tiene allí un pequeño kiosco que ahora, por seguridad, planea cerrar.
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