En una sociedad en permanente movimiento, el público femenino gana terreno en las ferreterías. El estereotipo de las “princesas incompletas” poco a poco va siendo reemplazado por el de mujeres empoderadas y autosuficientes -que no están dispuestas a esperar que un corcel blanco traiga al “arreglador” de la canilla ni a pagar un fortuna por un cambio de cuerito-, con la autoconfianza necesaria para animarse a tomar el problema por las astas.
Según la Cámara de Ferreterías y afines de la República Argentina (CAFARA), la brecha entre varones y mujeres que concurren a las ferreterías se achica cada vez más. De ser un rubro tradicionalmente masculino, pasó a tener a un 40% de mujeres entre sus asiduos clientes.
Desde la Cámara, entienden que los cambios sociales que se fueron dando en la última década incidieron sobre el fenómeno: “La diversificación de las tareas dentro y fuera del hogar y el crecimiento de la cantidad de mujeres responsables de mantenerlo, las llevaron a explorar tareas antes desconocidas y a los negocios que les proveen los materiales necesarios”, plantean desde CAFARA, y señalan que este motivo llevó a que las ferreterías se reinventen apliando la oferta de productos que ofrecen a sus clientes.
“Por lo general las mujeres comienzan a ir porque están solas y deben hacer arreglos en sus casas o simplemente porque han incursionado en el rubro de la mano del trabajo manual”
Especialistas del rubro estiman que las amas de casa destinan entre tres y cuatro horas diarias a realizar arreglos en el hogar, mientras que las que trabajan (fuera del hogar) dejan este tipo de tareas para el fin de semana. Según la Cámara, las tareas en las que se involucran son: arreglos en iluminación, plomería básica, jardinería, reparaciones en maderas y metales, diseño y decoración.
Como consumidoras, las mujeres pasaron a ser consideradas grandes aliadas del mercado ferretero. Por un lado, a diferencia de los varones, suelen llevarse más productos que los que estrictamente fueron a buscar, ya que piensan en otras necesidades que pueden surgir en el hogar o en reparaciones y arreglos que podrían realizar en el mediano y largo plazo. Causa por la que las ferreterías barriales comenzaron a incluir en su oferta productos de bazar o artísticos, con el objetivo de fomentar estas prácticas.
Damián Caran, que atiende la ferretería que su padre abrió hace 25 años, cuenta que a medida que fue aumentando el público femenino fueron sumando más oferta de productos, como objetos decorativos. “Por lo general los hombres sólo compran lo que vinieron a buscar, mientras que las mujeres si ven algo que les gusta también lo llevan. Se dejan tentar más”.
El ferretero dice que la cantidad de hombres y mujeres que van a comprar a su local es similar, y rompe con un mito que sirvió de argumento para “cargar” al público femenino: “Tanto hombres como mujeres piden ‘el coso del cosito’ y hay que indagar bastante para entender a qué se refieren”.
De acuerdo a datos de la Dirección General de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires, cada vez más mujeres viven solas. Esto podría ser un causal de que más mujeres se involucren en las tareas del hogar, además de que los roles dentro de la pareja ya no están claramente delineados como en épocas pasadas.
“Por lo general las mujeres comienzan a ir porque están solas y deben hacer arreglos en sus casas o simplemente porque han incursionado en el rubro de la mano del trabajador manual”, dice Mariana Ribero, que hace 12 años abrió un local junto a su hermano.
El censo que se realizó en 2010 arrojó como resultado que casi la mitad de los hogares estarían encabezados por una mujer (46,6%). Por otra parte, la tendencia del “Hágalo usted mismo” fue sumando adeptos.
“El crecimiento del trabajo manual llevó a que los ferreteros debamos anexar productos que antes sólo se encontraban en artísticas, tales como pinceles de muy buena calidad para pintar con óleos o acrílicos, espátulas de pintor, máquinas de reloj, imanes. Estas incorporaciones no fueron difíciles de hacer, aunque sí engorroso para encontrar mayorista, porque todavía no están estas áreas sumadas a la ferretería tradicional”, dice Ribero.
La apretada situación económica que muchos atraviesan o los deseos de ahorrar incitan a que cada vez más personas intenten solucionar los problemas del hogar por cuenta propia, y evitarse así el pago a un profesional.
Si bien en la web circulan miles de tutoriales que enseñan a reparar diferentes cosas, desde CAFARA señalan que la consulta al ferretero sigue ocupando un rol importante.
“La mujer prefiere ir a la ferretería de barrio antes que visitar las grandes cadenas, ya que priorizan el asesoramiento que se les brinda”, señala Ribero, y agrega: “Creo que la mujer día a día está descubriendo lo hermoso de este rubro, tal como me paso a mí”.
40%
de los clientes de las ferreterías son mujeres. En la última década el universo femenino ganó terreno en espacios tradicionalmente masculinos
3 y 4
horas diarias dedicarían las amas de casa a los arreglos del hogar. Las mujeres que trabajan fuera dejarían esas tareas para el fin de semana
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