El regreso de La Renga a un escenario porteño, que se concretó el fin de semana después de diez años, fue una fiesta en la que el gran protagonista fue el rock, y en el que no hubo desmanes ni descontrol.
Con un show en un repleto Estadio de Huracán, a la medida de sus fans, a los que ofrecieron poco más de dos horas y media de puro rock and roll y una impactante puesta visual, el trío de Mataderos inició el sábado una serie de shows que continuarán, en el mismo predio, el 2, 5 y 9 de agosto.
La velada de reencuentro repasó varios de sus más celebrados éxitos como “La razón que te demora”, “El final es en donde partí”, “La balada del diablo y la muerte” y “Panic Show”, entre otros, en un recital que se vivió, desde horas previas en los alrededores del estadio, con toda la liturgia futbolera por parte del público.
A la gran expectativa y ansiedad que se respiraba en el ambiente antes del show, que contó con una muy buena organización, hubo una contundente respuesta de La Renga, que entregó un generoso setlist, con 28 canciones, a un ritmo que no permitió descanso.
Sin lugar para sutilezas, el trío conformado por Gabriel “Chizzo” Nápoli, en guitarra y voz; Gabriel “Teté” Iglesias, en bajo; y Jorge “Tanque” Iglesias, en batería, echó mano a su receta de rock duro, con un sonido estridente, en una seguidilla que no dejó lugar para momentos calmos, ni matices sonoros.
Apoyado en una base elemental, precisa y, por momentos, reiterativa, Nápoli se posicionó como un “héroe de la guitarra”, con sus power chods, sus riffs, distorsiones y sus filosos punteos, que cayeron en numerosos pasajes en lugares comunes.
Sin embargo, ese pareciera ser el gran reclamo de una concurrencia que, de antemano, reclamaba con cánticos al grupo que “vaya al frente y ponga huevo”.
En este sentido, los aportes de saxo y armónica de Manuel Varela también resultan repetitivos por su abuso y sólo la intervención de la sección de vientos “Las cucarachas de bronce” logró romper esa monotonía, con su cuota de soul.
“Corazón fugitivo” y “Nómades” rompieron diez años de silencio, en un clamor en el que la voz de Chizzo literalmente se fundió con las de las 39.000 personas estimadas.
“Mi Buenos Aires querido, tanto tiempo. Por fin, después de tantas idas y venidas, acá estamos”, exclamó el cantante, quien agradeció hasta el infinito “el aguante” recibido en todo este tiempo.
Casi sin respiro, se sucedieron temas como “El twist del pibe”, “Circo romano”, “Poder” Y “Panic show”, estos dos con Nacho Smilari como invitado, “Oscuro diamante” y “Tripa y corazón, entre varios clásicos.
En esta seguidilla, cabe destacar el clima alcanzado con “La balada del diablo y la muerte”, un intenso momento logrados por el dramatismo en su interpretación y por la acertada intervención en armónica de Varela.
“Arte infernal”, “Oportunidad oportuna”, “La razón que te demora” y “El final es en donde partí” marcaron el final del show, antes de los bises, en donde desfilaron “Ser yo”, “Reite”, “El viento que todo empuja”, con sus aires reggae, y “Hablando de la libertad”.
“Vayan tranquilos”, pidió Chizzo, quien auguró que el buen momento vivido en el concierto sea “tema a la hora de los fideos” en el almuerzo dominical, un reclamo que, junto con el gran operativo de seguridad montado, dieron cuenta de la importancia que se le dio a que el encuentro no presente fisuras.
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