A los 56 años falleció María Esther Mercader, abogada de dilatada trayectoria en el Poder Judicial y apreciada vecina que, con su forma de ser, se ganó un lugar en los distintos ámbitos que frecuentó. Su inesperada partida fue un duro golpe para quienes la conocieron y valoraron por sus numerosas virtudes.
Marieta, el apodo por el que la conocían sus allegados, había nacido el 1° de enero de 1961 en Tandil; fue la hija mayor de Carlos Alberto - Moro - Mercader y Esther Alonso y creció junto a su hermana Martha.
Cursó sus estudios primarios y secundarios en Tandil, donde vivió junto a su familia hasta que cumplió los 18 años.
Luego se mudó a La Plata, ciudad natal de su padre, para iniciar sus estudios de Derecho en la Universidad Nacional de La Plata.
Cuando se recibió de abogada ingresó a trabajar en la Cámara de Diputados, lugar en el que se desempeñó por poco tiempo.
Más tarde arrancó su carrera en el Poder Judicial; trabajó en la Secretaría de Incapaces y en la mesa de entrada general de las Asesorías. Fue secretaria de primera instancia.
De su matrimonio con Ricardo Walter García nacieron sus hijas María Florencia y María Victoria, a quienes se dedicó de manera amorosa generando un vínculo de estrecho compañerismo.
Marieta tuvo una vida social muy activa y siempre disfrutó de las reuniones con su grupo de amigas. Con ellas estaba permanentemente en contacto, ya sea para compartir una charla cotidiana o para acompañarlas en los momentos cruciales.
En su tiempo libre le encantaba viajar y así lo hizo, ya sea con su familia o con sus amigas.
Cualquier oportunidad fue buena para su espíritu inquieto y , en ese marco, recorrió distintos lugares del país y del exterior.
También le gustaba ir a comer afuera tanto como ir al cine o presenciar una función de teatro.
En los últimos tiempos participó de clases de baile, un espacio en el que también cosechó entrañables compañeras.
Más allá de los fuertes lazos fraternales, siempre estuvo unida a su hermana Martha, con quien fue muy compinche. “El clan de las Mercader”, como solía llamar al núcleo conformado por su hermana, sos sobrinas Corina y Martina y sus dos hijas, la colmaron de momentos intensos.
Marieta también se encargó de expresar un sentimiento maternal hacia sus sobrinas, a las que acompañó con su palabra y presencia en cada etapa de su vida.
Tan dulce y sensible como firme en sus principios éticos, no dudó en confrontar contra todo lo que creía injusto. Marieta nunca silenció sus pensamientos políticos, acuñados por su familia radical.
Fue una mujer que también se destacó por su imagen cuidada y su carácter jovial; ni el paso de los años lograron opacar su belleza.
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