Maestro documentalista, quizás el más importante de la escena nacional hoy, el cineasta Néstor Frenkel hace magia en “El gran simulador”, que registra la figura y la trayectoria del gran ilusionista y prestidigitador argentino René Lavand.
La película tuvo un estreno chico en 2013 y si bien tuvo un poco más de rodaje en los circuitos de cine alternativos, pasó largamente desapercibida hasta que la pantalla a la carta llegó a su rescate: hoy puede verse en Qubit, el servicio on demand que para competir con Netflix ofrece de forma más “curada” que el gigante cine clásico, europeo e independiente.
El cineasta, hacedor de celebrados documentales como “Amateur” y la reciente “Los ganadores” (de paso por el Select de La Plata hace algunas semanas) recuerda que si bien lo había conocido cuando era chico viéndolo por la pantalla de un televisor, la primera vez que lo observó de cerca fue en la fiesta de cierre de un festival de cine en Tandil, pero que por respeto no se atrevió a acercarse.
Años después, sin embargo, le propuso filmar “El gran simulador”: desde su casa de Tandil, dos años antes de su fallecimiento en febrero de 2015, la cinta repasa la carrera de Héctor René Lavandera, un prestidigitador con una sola mano, la izquierda, con la cual hacía todo lo que se puede hacer con un mazo de naipes, aquello que se ve y lo que no se ve porque su mano era más rápida que la vista.
Cuando era un niño en Coronel Suárez, un automóvil le aplastó su brazo derecho, dejándole desde el codo un muñón de once centímetros, y desde entonces, durante 75 años, los mitos sobre aquella pérdida se multiplicaron con la misma velocidad con que Lavand mueve las cartas: ¿un ajuste de cuentas? ¿una tragedia familiar?
El filme de Frenkel muestra cómo Lavand hacía trucos sin que nadie, ni siquiera quien estuviera delante suyo, pudiera descubrir la costura, cómo se convirtió en uno de los especialistas en mazos de naipes más importantes de los que se tenga memoria en el mundo, pero, sobre todo, juega con esta dimensión mítica con que el personaje también coquetea, vistiendo con el mismo manto de encantador misterio su vida y sus actos, porque, al final, lo importante no es la verdad, efímera, mundana, ilusoria, sino cómo se cuenta esa ilusión.
“El arte es una mentira, la mentira es un arte”, es una de las frases que se le escuchaba decir a Lavand, el artista que supo recorrer los escenarios del mundo, la televisión en blanco y negro en directo y hasta en “El show de Ed Sullivan”, en los Estados Unidos.
Pero no sólo los Estados Unidos, Europa, y el resto de América latina pusieron sus escenarios al servicio de sus presentaciones, ya que aquí al promediar la década del 60, fue una de las figuras importantes del ciclo “Sábados Circulares”, creado y conducido por Nicolás “Pipo” Mancera.
“Él mismo es una ilusión, se inventa un nombre, hay una construcción, una mística que lo hace más atractivo y ahí viene el problema que es dónde me paro yo como documentalista. ¿Qué pasa si yo como documentalista le pregunto algo alguien y esa persona me miente?”, se interroga el cineasta.
“Tengo que rescatar la verdad de esa mentira y de eso se trata la película, de capas de verdades, capas de simulación, porque cuando hace un juego de cartas claramente me está mintiendo, luego tiene su personaje muy bien montado, que habla de esa manera, con modales de dandy, con mucha magia y misterio”, explica Frenkel.
“El arte es una mentira, la mentira es un arte”, es una de las frases que se le escuchaba decir a Lavand
“Tengo que rescatar la verdad de esa mentira y de eso se trata la película, de capas de verdades, capas de simulación, porque cuando hace un juego de cartas claramente me está mintiendo”
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