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La gesta de Ese hombre

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Por MARCOS NUÑEZ

La última novela del escritor Marcelo Figueras revisa el tránsito de Rodolfo Walsh hacia el mito, esos años clave que significaron un volantazo en su vida, en el periodismo y en la historia del país

Nueve años antes de la aparición de “A sangre fría” de Truman Capote, pero en el tercer mundo, Rodolfo Walsh había publicado “Operación masacre”. Esta obra inauguró el género de no ficción, un epíteto atribuido hasta el hartazgo a la novela de Capote. Walsh incorporó los procedimientos de la narrativa al crimen ordenado por el jefe de la policía de la provincia de Buenos Aires, el teniente coronel Desiderio Fernández Suárez: la noche del 9 de junio de 1956, cuando los generales Tanco y Valle se sublevaron contra la dictadura que había destituido a Perón en septiembre del 55, policías uniformados y de civil fusilaron a un grupo de civiles en los basurales de José León Suárez. Tras una rigurosa investigación, en 1957 el periodista nacido en Río Negro publicó “Operación masacre” en forma de notas en el diario Mayoría y, poco después, como libro.

En El negro corazón del crimen, Marcelo Figueras relata la génesis de esta emblemática novela, pero también la génesis del hombre en el que se convirtió Rodolfo Walsh en el proceso: el hombre que abandonó su zona de confort, se apartó de su esposa e hijas, de su carrera literaria, de Borges, el ajedrez, y el puestito en la editorial. ¿A cambio de qué? A cambio de asumir el compromiso de dar testimonio en momentos difíciles. La gesta de ese nuevo Walsh, concede Figueras en una entrevista, no fue por una cuestión de principios: “Lo que lo deslumbra son las posibilidades narrativas que ofrece el fusilado que vive”. Esa frase, “hay un fusilado que vive”, es la chispa que enciende el fuego; a partir de la confidencia de su amigo Quique Dillon Walsh inicia la investigación, la experiencia que lo transforma.

Figueras elige llamar Erre al personaje central, al menos durante gran parte de la novela. Pero Erre, sabemos, no es otro que Rodolfo J. Walsh antes de convertirse en el bronce: “A este Walsh a medio hacer, aún inmaduro, sí que me le animaba. Para el Walsh que ya es Walsh, ¡no me da el piné!”, revela el autor del libro. Meterse con el otro, contar Ese hombre, su estatura, eso es otra cosa.

Tal vez, uno de los rasgos más notables de esta novela es que pone en el centro en la ruptura del protagonista con su zona de confort. El norteamericano Raymond Carver (1939-1988), en su cuento “Tanta agua y tan cerca de casa”, narra un fin de semana de pesca de un grupo de viejos amigos. Después de haber recorrido varios kilómetros, cuando llegan a lugar donde acamparán, encuentran el cuerpo de una mujer asesinada atrapada por unas ramas sobre el río. Sus planes, sin embargo, no se alteran: pescan, toman whisky, duermen, asan truchas, fuman y juegan cartas; y, para asegurarse que la corriente no se lleve el cuerpo, lo amarran con una bolsa. Cuando concluyen su estadía, recién entonces avisan a la policía. Este argumento es el contraste perfecto, la contracara del periplo iniciado por Walsh a partir de lo revelado por su amigo Dillo; Walsh rompe con su zona de confort incluso a sabiendas de que la investigación lo perjudicará más de lo que lo va a beneficiar.

La novela de Figueras, aún para el que no conoce la obra de Walsh, se lee en clave de policial. A Erre y su colaboradora Enriqueta Muñiz –será mucho más que eso en la historia–, compañeros en la editorial Hachette, les llega un caso, el de los civiles fusilados y, desde entonces, a lo largo de las novela no cejarán en la investigación. Hacia las últimas páginas, a Erre le preocupa dar con un final para su historia hasta que comprende que es fútil perseguir algo definitivo. “Lo que quede no estará escrito en piedra. La naturaleza de la historia establece que su final es provisorio”, le dice Muñiz. Él asiente. Lamentablemente, el final de Rodolfo Walsh sí lo conocemos (¿lo conocemos?): un día después de haber difundido su Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, el 25 de marzo de 1977 fue asesinado y desaparecido por la última dictadura cívico-militar. Hace ya 40 años.

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