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Cien años y bodas de titanio con su amor eterno

Andrés Covas junto a su esposa Elba Miño, con celebración por partida doble - cesar santoro

Por Redacción

Andrés Covas -ex marino- cumplió siete décadas de casado con Elba Miño

Glita - 96 - y Poroto - 100 - escucharon la frase “hasta que la muerte los separe” y sellaron una unión que seguramente ni imaginaron que superaría las Bodas de Titanio, que representa los 70 años que pasaron del día en el que se casaron. Una historia de amor eterno que se encarna en Andrés Covas y Elba Miño.

Pasan sus horas juntos en una residencia de City Bell, rodeados de un entorno natural, donde “cada cual hace lo suyo”, pero con el tiempo de estar tomados de la mano cuando lo desean.

Andrés cumplió la centuria el pasado 1° de diciembre y tiene la lucidez suficiente para recordar que conoció a Elba en una fiesta organizada por el Colegio Normal N° 1.

“Éramos muy jóvenes y nos pusimos de novio”, destaca Poroto.

Después de algún tiempo, la pareja decidió formalizar, él era marino y ella, maestra de la Escuela N° 68 de City Bell.

Estos platenses también tuvieron la fortuna de ver crecer la familia con los nacimientos de sus tres hijos.

Con un tono reflexivo y una memoria que parece encallar en los recuerdos que hablan de sus orígenes, Poroto se quiebra al recordar que su padre “fue uno de los fundadores de la aviación naval argentina”.

RECONOCIMIENTO

El año pasado recibió un reconocimiento “al mérito de la trayectoria en la Institución”, en su carácter de Contralmirante Contador (RE), en el salón “Libertad”, de la sede del Estado Mayor General de la Armada,

Glita, a su lado, lo mira pensativa y al momento de sacarse la foto le dice: “dame la mano con amor”.

Andrés prefiere entregarse a la lectura, en particular le gusta estar al tanto de las noticias. Cada mañana recibe EL DIA y lo recorre en su totalidad.

Glita es mas conversadora, se vincula con otras señoras de la residencia y es bastante inquieta.

Tal vez aún tiene incorporada la ama de casa que fue hace algún tiempo porque, por ejemplo a la hora de la merienda, le gusta acomodar las tasas o alinear las sillas del comedor en donde pasa extensas horas.

En esta etapa, Poroto confiesa que cada uno hace por su cuenta “lo que desea”, pero lo que mas le interesa a él es leer.

“Glita tiene muy buen carácter, siempre nos llevamos bien”, asegura el esposo.

Mas allá de comer con moderación, la pareja se alimenta con un menú variado y les gusta todas las comidas que les preparan en la residencia.

“Como de todo lo que me sirven acá y tampoco dejo de tomar los remedios que me dan”, afirma el hombre.

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