“’Máquina’ es un disco bastante cancionero, es cierto, pero creo que nos basamos más en nuestra sensibilidad que en la búsqueda de una canción perfecta” explica Emiliano Santillán, cantante de La Cumparsita Rock’72: “los estribillos se dieron también de manera natural, y es lo que quería expresar cada uno en el momento, pero no fue algo forzado ni buscado intencionalmente”.
Guiados por esa brújula emocional, la tozudez de banda de barrio con una misión, el apego a la independencia, la amistad y el “factor equis” que diferencia a los fugaces de aquellos que paso a paso labran una carrera consistente, “Fino” Santillán y sus compañeros de travesía siguen cosechando seguidores donde quiera que vayan. Y van a muchos lugares. A punto de presentar nuevamente como locales su más reciente álbum, el doble “Máquina de sentimientos contra el viento”, el grupo integrado por el vocalista junto a Patricio Pisauri, Juan Martín Candau y Enuel Gómez -guitarras-, Gastón Tocho -armónica-, Emmanuel Rodríguez -teclados-, Esteban Penovi -bajo-, Juan Ardohain -saxo-, Nazareno Michelini -batería- y Nacho Giusti -percusión- repasa una obra llena de agite, nostalgia y brío suburbano
-La banda tiene dos lados, uno más melancólico y otro más festivo; en el último disco predomina el melancólico...
Elegimos esos temas porque consideramos que eran el material que la banda quería mostrar, el mensaje que le queríamos dar a la gente, lo importante es generar un poco de sensaciones y sentimientos. Quizás sea melancólico porque es el momento que estamos atravesando; los discos son momentos, y éste tal vez sea uno de melancolía. Pasó naturalmente, no forzamos nada; nos dejamos llevar por nuestras sensaciones; en vivo, obviamente, ofrecemos un repertorio más “up”, por definirlo de alguna forma, ya que pasamos por las canciones de los discos anteriores, que son un poco más crudas, con mensajes más directos, más vulgares, y que tanto le gustan a la gente que seguramente las estemos tocando el resto de nuestras vidas.. ¡o no!
-En las letras hay historias de amores truncos, complicados, vidas grises… Muchas de las canciones del disco, incluso la tapa con su barco en la tempestad, transmiten un anhelo de libertad en la adversidad. ¿Lo pensaron como un álbum “conceptual”?
Sí, es un disco al cual se le buscó un concepto desde el vamos. Calculá que después de seis o siete años sin sacar un material, sin abrir la boca, sentimos la necesidad de escupir todos los sentimientos que teníamos guardados. Entonces nos debíamos un poco a nosotros y también a la gente. El concepto del disco fue un poco ése: ir como una máquina que no para, peleando con cualquier adversidad, y que sigue. No es cualquier barco: es un barco viejo, es un barco oxidado, que ya tiene golpes y que se la recontra aguanta. Desde el principio estuvo presente ese concepto.
- ¿Qué les genera estar prácticamente obligados a llenar un estadio para poder tocar, sobre todo en La Plata? En lugares más chicos no pueden, no hay escenarios de escala intermedia…
Nos genera un poco de impotencia, porque hay que tener un volumen importante de gente para poder afrontar una producción tan grande. Por ejemplo, Atenas, donde tocamos ahora, es un monopolio en la ciudad y eso no da muchas chances de ir a otro lugar, genera costos más altos y se hace complicado. Si hay pocos lugares chicos, los lugares intermedios directamente, no existen. Es una pena, porque las bandas de rock acá son muchas y le hacen muy bien a la cultura, no solamente de la ciudad sino del país. Sería bueno que hubiera más lugares y con costos más baratos; ahora si no llevás mucha gente, se hace muy difícil pagar todo. Al ser independientes decidimos dónde tocar cuando creemos que es adecuado en tiempo y forma; estamos tocando una vez por mes, que antes no lo hacíamos, y con ese ritmo estamos muy conformes, para no desgastar al público. Además, mantenemos contacto con la gente, cotidianamente en la calle, porque laburamos y vivimos en nuestra ciudad y andamos caminando todos los días.
- Todas las bandas buscan perfeccionarse, mejorar las puestas, el sonido, incorporar estilos o géneros musicales. ¿Por dónde pasa la búsqueda de La Cumparsita?
Está dada desde el comienzo; todos los discos tienen una diversidad bastante amplia de géneros, desde el primero hasta este tercer disco. Creo que también se da de manera natural en cualquier músico ir perfeccionándose, o al menos a nosotros se nos da así de manera natural: ir madurando musicalmente en cuanto a sonidos, intelectualmente en las letras, en el mensaje que queremos dar.
ZONA DE INFLUENCIA
- En el disco participan como invitados músicos de otras bandas; ¿de cuáles grupos platenses se sienten afines?
En realidad no somos de escuchar música local. Sí tenemos muchos amigos músicos de la ciudad, conocidos de toda la vida. Acerca de la identificación, lo más facil es decir es Los Redonditos de Ricota, porque son de acá, tuvieron una movida independiente y nos gusta su música. Hay muchísimas bandas que están creciendo, como estamos creciendo nosotros, pero no somos de escuchar rock local.
- Ya existen bandas que tienen como referencia a La Cumparsita...
Para nosotros es un gran honor que nos digan eso, pero no sabemos si realmente es tan así. Simplemente hacemos música hace dieciséis años, y es un honor pertenecer a este grupo que perdura en el tiempo y con la compañía de su público.
- Algunas bandas de rock “barrial” consideran que se le da menos trascendencia a su movida de la que merece, y en cambio hay grupos y géneros “mimados” por algunos bares y medios ¿Creen que eso realmente pasa?
Sí, creemos que es una observación acertada. Hay grupos que quizás tengan un poco más de “mimos” de los medios locales y de algunos bares a los cuales les generan dinero. Pero no somos de mirar a nuestros alrededores, sino de enfocarnos en nuestro objetivo. No nos afecta para nada. Somos una banda de barrio, un género de rock, con todo el orgullo de serlo; una banda simple que no tiene el apoyo de todo el mundo pero sí el más importante que es el de nuestro público.
CONVOY NOCTURNO
- El barrio es un tema central en la vida de la banda, hay una impronta bastante tanguera... ¿Cómo lo ven hoy?
La impronta tanguera hace referencia un poco a la esencia de la banda. Como sinónimo de tango podemos decir “noche”, y varios de nosotros hemos curtido la noche, por eso es que puede hacerse referencia a lo tanguero en el sonido, en las letras, en la forma de cantarlo, muy arrabalera. Algunos de los chicos siguen vinculados con el barrio, otros están viviendo en otro lado pero eso no te despega de tus principios: lo que te marcó, te va a seguir marcando de por vida y lo vas a seguir reflejando en tus obras de arte. La verdad es que no sabemos muy bien en qué anda la generación de ahora. Sabemos que muchos de los que viven en el barrio hoy nos vienen a ver, no sabemos si siguen haciendo las mismas cosas que hacíamos nosotros de chicos.
- ¿La autogestión sigue representando para ustedes lo mismo que cuando empezó todo?
Lógicamente, la autogestión es nuestro estandarte, lo que nos gusta hacer, era la herramienta que encontramos hace dieciséis años para hacer nuestras producciones, para poder tocar, porque no nos conocía ni el loro, así que era la única herramienta. Hoy por hoy, llevamos todo este tiempo y nos hemos ganado respeto en el ambiente por la independencia y lo que genera: ser una banda independiente, con dieciséis años de trayectoria, y llevar el estandarte de la ciudad es lo mejor que nos puede pasar y trataremos de mantenerlo y seguir así lo máximo que podamos.
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