El azul intenso de las quietas aguas del golfo Nuevo, frente a Chubut, se alteraba de a ratos con el emerger de los oscuros y gigantescos cuerpos de las ballenas o la blanquísima espuma que estallaba tras sus saltos, mientras el guía anuncia a los turistas el menú para sus fotos, que iba desde la sola aparición de un cetáceo hasta sus espectaculares acrobacias.
Los pasajeros giran entusiasmados y apuntan cámaras y binoculares, ya sea a un gigante que elevaba del agua sus 30 ó 40 toneladas o se concentra en otro que navega con un rumbo recto y en cada aparición amaga ofrecer el siempre esperado “saludo” con la cola (o aleta caudal) tras la inmersión.
Otros se admiran ante los “bebés” de cuatro o cinco toneladas que nadan junto a sus madres o se suben al lomo de éstas en un juego habitual en estos animales.
También se pueden ver los lomos de grupos de cópula, con una sola hembra y más cuatro machos, éstos siempre de menor tamaño, en una ceremonia sin competencia entre ellos sino de actitud complementaria, de la que tras un año nacerá un solo ballenato.
Después de un junio de lluvias inusitadas para la región, que obligó a postergar varias veces el inicio de temporada de avistaje de ballenas, los turistas empezaron a disfrutar en julio de este espectáculo único, desde la costa o el muelle de Puerto Madryn o en salidas embarcadas desde Puerto Pirámides, en Península Valdés. Pero es ahora cuando la temporada de avistamiento de ballenas francas llega a su punto máximo.
La temporada de avistajes entra en su esplendor y los lomos de los mayores mamíferos del planeta asoman por doquier, para desaparecer y volver a mostrarse, mientras los chorros de vapor de su respiración surgen cual geisers en la superficie marina en derredor de las embarcaciones.
Pero los dos momentos más esperados por los turistas son siempre el de la cola que ondea durante varios segundos tras la inmersión, como en un saludo, y los saltos, ya que ver virtualmente volar un animal de más de 30 toneladas, aunque sea por un segundo, nunca deja de maravillar siquiera a los más expertos en estos avistajes.
Las embarcaciones de avistajes parten desde Puerto Pirámides, la única población y puerto de Península Valdés, y para protección del recurso no se permite más de una nave por empresa a la vez en avistaje dentro del Golfo Nuevo.
El avistaje de ballenas en el Golfo Nuevo también se puede hacer desde el muelle de Puerto Madryn, o aún desde su costanera, ya que los cetáceos se acercan cada vez más a la costa, y en las noches silenciosas se puede oír el fuerte bufido de su respiración que puede confundirse con un chiflete de viento patagónico.
También se pueden ver ballenas desde la costa desde muy cerca en las playas del área protegida El Doradillo, cercana a Puerto Madryn.
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