A fuerza de escándalos, Tinelli ha logrado crear una fórmula tan discutida como exitosa, que convoca noche a noche a millones de personas frente a la caja boba. Como un gran consultorio sentimental, las intimidades de participantes -directos e indirectos- se ponen en consideración de un jurado que sube y baja el pulgar según las necesidades que indiquen las planillas del minuto a minuto.
Noviazgos, separaciones y engaños son la especialidad de este gran diván que, con la excusa del baile, no es más que un programa de chimentos -con un gran chimentero al frente- con una enorme producción que paga fortunas a figuras que se tienen que dejar “explotar” en la previa como una condición contractual.
La fórmula es exitosa y, siguiendo la máxima imperante, Tinelli ¿debería cambiar a su “equipo” ganador? El análisis, quizás, debería ir por otro lado: ¿la culpa es del chancho o del que le da de comer?
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