Sorpresa y preocupación. Dos sensaciones que compiten al conocerse la realidad denunciada en el turno tarde de la Escuela 45, que supo tener al doctor René Favaloro en sus aulas.
Padres extremadamente preocupados piden ayuda a gritos para que se encauce la situación y deje de ser un espacio signado por la violencia, cada vez más fuerte y sin tener límites en el horizonte.
Alumnos primarios armados, que atacan en patotas a sus pares y no reconocen límites de ningún tipo no dejan también de ser víctimas de un sistema que parece no contenerlos.
Ejercen la violencia como si no encontraran referentes ni freno. Su inconsciencia de los riesgos que provocan para terceros y para ellos mismos, prenden una luz de alerta para los adultos que, al parecer, no pueden ni encuentran el modo de aplicar las reglas básicas de convivencia en el aula, el patio y el colegio en general.
Los padres tampoco se encuentran contenidos. Algunos no se animan a llevar a sus hijos por temor a que les ocurra algo grave dentro del colegio; y otros los llevan a la escuela con la sensación del temor en cuerpo y alma, pero tratan de estar lo más cerca posible, haciendo guardias a metros del colegio, en situación de extraña alerta.
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