Un hombre vaga fantasmal por la jungla africana. Ha perdido el corazón tras morir su mujer, y camina por aquella Africa de los mitos y el salvajismo colonial sin importarle si la muerte acecha. Frecuentado por el fantasma de su amor, decide quitarse la vida saltando a río y permitiendo a un voraz cocodrilo que lo devore: desde entonces, el cocodrilo y la doncella se aparecen a quienes embarcan en aventuras hacia los confines del continente africano.
La escena inicial de “Tabú” opera como prólogo y leit motiv de la cinta que el portugués Miguel Gomes estrenó en 2012: una historia que hace eje, claro, en un amor prohibido, condenado por el destino. Un tema retratado mil veces, hasta el hartazgo y la extinción del género: pero nunca contado con la vitalidad, la fuerza y el amor por el arte de Gomes.
***
Todo en “Tabú” mira al pasado: filmada en exquisito blanco y negro, con su segundo capítulo “mudo” (solo se escucha la narración en off del protagonista), Gomes inicia su historia retratando a Aurora (Laura Soveral) en su otoño, adicta al juego y abandonada por sus afectos. En este episodio, titulado “Paraíso perdido”, la protagonista es Pilar (Teresa Madruga), una mujer madura que pasa sus días trabajando, pidiendo por ayuda humanitaria y el cese de hostilidades en algún rincón tercermundista y ayudando resignada a la empleada de Aurora a rescatar a la anciana de sus travesuras.
El blanco y negro luctuoso del filme torna en grisura, la grisura de una Europa, parece decir Gomes, que se ha olvidado de las pasiones: una Europa impotente, digna y desincronizada del sufrimiento verdadero del mundo.
El contraste lo ofrece Gomes con los años de aventuras coloniales de Portugal en el continente africano: la agonía de Aurora desata el relato de sus años en la jungla por parte de un viejo amante, Ventura, voz en off del segundo capítulo, “Paraíso perdido”.
Pero Gomes no sugiere que los años de colonialismo fueron mejores: si algo sugieren sus espejos (por ejemplo, el hecho de que todos los criados sean de color negro, en pasado y en presente) es que a pesar de la buena intención de la Europa adocenada, culposa e impotente del siglo XXI, que ha erigido su supremacía gracias a aquel colonialismo, las desigualdades continúan bajo relatos “civilizados”.
En el pasado colonial el cineasta europeo encuentra el espacio para explorar un pasado mítico, con pasiones desbordadas, un escenario propicio para el florecimiento de un amor prohibido como los que antaño narraba el cine, y que hoy ha olvidado.
***
El canto de cisne de Gomes no es al pasado aristocrático de Portugal, sino al pasado del cine: el paraíso perdido son esas formas clásicas en las que el director se sumerge, retoma y resignifica, desde el cine mudo (el título alude al clásico de Murnau) y el drama romántico, hasta el cine de aventuras en Africa (“Mogambo”, “Hatari”) y la comedia musical.
Pero Gomes reniega del gesto cinéfilo, museístico: aparecida el mismo año que la oscarizada “El artista”, otra cinta que también recuperaba la tradición del cine mudo, la cinta portuguesa desperto comparaciones con la francesa por evitar el retrato estéril en el que caía Michel Hazanavicius, reproduciendo las formas del pasado sin filtro: “En ‘Tabú’ no hay homenaje alguno, no es un monumento muerto o cristalizado en el tiempo. En todo caso, a la manera del espíritu lusitano, el film de Gomes destila saudade, hay un dolor por la pérdida, por lo que ha sido y ya no es ni podrá ser”, escribió Luciano Monteagudo en su crítica para Página/12.
***
La nostálgica exploración de las potencialidades perdidas del cine, acompañadas de una igualmente descorazonante historia de amor prohibido entre la joven Aurora (Ana Moreira) y el joven Ventura (Carloto Cotta en plan Errol Flynn) es completada con la textura que aporta la vieja película en 35mm (hoy en vías de extinción), aprovechada por un trabajo de fotografía de Rui Poças que amerita pantalla grande. A cuatro años de su estreno en Argentina (donde llegó un año más tarde de su lanzamiento), y a la espera de que algún ciclo de cine la recupere para la pantalla grande, el espectador que no haya conocido las magias melancólicas de la cinta de Gomes podrá verla por la plataforma on demand Qubit.
SUSCRIBITE a esta promo especial