Desconcertados, los vecinos de la Ciudad despiertan este domingo con la incertidumbre de no encontrar, aún, explicaciones para la noche de furia y violencia del jueves a la noche.
Bombas molotov estallaron contra el edificio del anexo de la Cámara de Senadores en la esquina de 7 y 49, provocando daños en algunas oficinas que dan sobre la última arteria.
Apenas unos minutos después el ataque se repitió, pero en el frente de la Casa de Gobierno. Las bombas incendiarias afectaron la puerta principal y los jardines sobre calle 6 y el despacho del jefe de Gabinete de ministros, Federico Salvai.
Casi al mismo tiempo, frente a la puerta principal del Ministerio de Seguridad estalló un artefacto explosivo de fabricación casera, provocando daños en dos de los vehículos estacionados sobre la plaza de 2, entre 51 y 53.
Los dos primeros hechos se le atribuyen a un desprendimiento de la marcha que recorrió las calles céntricas exigiendo la aparición con vida de Santiago Maldonado, el artesano simpatizante de la causa mapuche, del que no se tienen rastros desde el 1 de agosto, cuando la Gendarmería, en Chubut, efectuó un operativo en un campo tomado por los levantiscos descendientes de Calfulcurá.
Ayer, la gobernadora María Eugenia Vidal dispuso el desplazamiento del jefe de inteligencia de la Bonaerense, que no supo ver lo que podía ocurrir, pese a que apenas unos días antes militantes del mismo y violento colectivo, habían destrozado la casa de la provincia de Chubut en Buenos Aires y con el mismo método de bombas incendiarias, habían atacado el Congreso de la Nación. Algo parecido había ocurrido en la ciudad de Córdoba, donde la sede del Círculo de Suboficiales de la Gendarmería también resultó víctima del accionar de los violentos.
Nadie sabe aun, en tanto, a quien o que atribuir lo ocurrido frente a la sede del Ministerio de Seguridad, casi debajo de las ventanas del despacho del ministro Ritondo.
Desde las redes sociales se alimentan todo tipo de culpas entre sectores políticos adversos. Feo caldo de cultivo.
Maldonado sigue sin aparecer y las explicaciones ofrecidas, hasta ahora, por el Gobierno, no alcanzan ni convencen.
Como tampoco les alcanza a quienes sólo pretenden vivir en paz, que las fuerzas de seguridad no ofrezcan, al menos hasta este domingo, una explicación de porque un centenar de forajidos tomó las calles por asalto sin que nada ni nadie hiciera algo para impedirlo.
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