TEMAS DE HOY:
PUBLICIDAD

El que enfrentó a Dios en una pulseada

Roberto Themis Speroni
Roberto Themis Speroni
Rafael Oteriño
Néstor Mux

Por MARCELO ORTALE

Roberto Themis Speroni, el poeta que City Bell no olvida. Un colegio y una calle llevan su nombre. Testimonios de quienes lo conocieron y admiraron: Rafael Oteriño y Néstor Mux.

Roberto Themis Speroni no figura en las últimas antologías de poetas argentinos. Se habla poco, sospechosamente poco, de este enorme poeta que murió en la plenitud de sus 45 años, tan joven en City Bell, su pueblo de siempre. Sin embargo, no deben haber demasiados poetas que, en el silencio de su casa –donde llenó de luz su vida enamorada- hayan librado una pulseada con Dios.

Lo vio de pronto un día frente a él y escribió “Es natural que Dios se comunique/ con mi melancolía; que comparta/ mi pan, mi techo aciago y que me ofrende/ de vez en cuando un búho, una botella/ una hoja de menta, un libro viejo...”. Ese Dios se instala cerca de la leña del hogar “sin dirigirme nunca la palabra/ alto y hermoso como un sable”.

En silencio, con la sola mirada de ambos, se entabla el desafío: “Arrojo el vino. Tiro de la mesa/ los mendrugos, las moscas, los papeles;/ tenso mis antebrazos, crispo el nervio/ más hondo, y con rudeza lo fustigo,/ lo invito a que se mida con mi angustia/ crecida en los confines de su obra./ No responde. Se ubica acomodando/ su codo en la madera, y sin testigos,/ pulseamos al igual que dos labriegos/ en honesta y tristísima disputa”.

Las antologías no lo incluyen y en pocos días más, cuando se cumplan 50 años del fallecimiento de Speroni, el poeta platense Rafael Felipe Oteriño seguramente explicará esa omisión, tan propia de sociedades intransigentes y corales, temerosas de toda voz solitaria. Y también recordará de Speroni “su capacidad para entenderse con la naturaleza física”.

Es que hay algo de cazador y leñador en Speroni. Su obra está poblada de árboles y pájaros, de flores, arroyos y desiertos. Una voz grave, anclada siempre al mundo natural, a los álamos y sauces, a las aves y arroyos de su City Bell profundo de donde nunca quiso irse.

En el libro dedicado a Speroni por Ana Emilia Lahitte, se transcribe este poema que escribió Norberto Silvetti Paz, otro citybelense de repercusión nacional, que fue publicado en El Día pocas jornadas después de la muerte de Speroni: “Era un pájaro silbador, recóndito/ aventurero del paisaje: estaba/ desde el amanecer entre las ramas/ atento al cielo. Acantilados altos/ lo segregaban de lo otro-el mundo-/ aunque lo devolvían a su abismo/ mas lúcido que un lúcido vigía”.

Había nacido en 1922 en La Plata, hijo de Roberto José Speroni y de Teodelina Ivaldi, que se mudaron a City Bell cuando Roberto Themis tenia seis años de edad. Estudió el primario en la cercana escuela 12, ubicada en el centro neurálgico del pueblo.

Vivió con su familia a pocas cuadras de allí, por la calle Cantilo entre 17 y Sarmiento, cerca de donde abriría –luego de probar otros trabajos- una rotisería fugaz, que es inolvidable para todos los veteranos pobladores de City Bell.

Allí los clientes en realidad no iban a comprar: iban a hablar de poesía, mientras Speroni conducía los debates. A veces llegaba una compradora genuina y había que interrumpir la controversia sobre Walt Whitman para que Speroni le despachara 200 gramos de jamón crudo. “La rotisería duró lo que le duraron el primer stock de vino y de salamines...” recordó ahora Néstor Mux, otro poeta platense y cerrado admirador de Speroni.

El secundario fue para Speroni un derrotero entre el Sagrado Corazón y el Industrial, aunque abandonó esos estudios para ponerse a cursar materias, como oyente, en la facultad de Bellas Artes. Aquí también abandonó y emprendió una de sus más exitosas tareas: la de vendedor de la Enciclopedia Británica. Pero la poesía ya pulseaba con él y lo atraía a desafíos siempre cotidianos, cada día más exigentes.

Perteneció a una generación de poetas entre los que puede mencionarse a Silvetti Paz, Horacio Ponce de León, Horacio Núñez West, Jaime Sureda, Matilde Alba Swan, Aurora Venturini, Gustavo Garía Saraví y al entonces más joven Horacio Castillo. Se ha dicho con razón que los grandes tema en la poesía de Speroni son la muerte, la vida, la tierra, el amor, la casa, la amistad, el hombre o Dios.

En su libro, Lahitte transcribe esta presentación que Speroni hizo alguna vez de si mismo: “Nació en La Plata, murió repetidas veces en cualquier lugar, no se arrodilló ante nadie, salvo ante el amor y la tragedia./ Fue un dado ciego en un cubilete de hierro; un perro en soledad, una campana orgullosa y ronca; un hombre que por mirar cada muerte en las estrellas, se olvidó de los chacales, de las cucarachas, y en cierta medida de Maldoror, donde una tarde de agosto, sangró su corazón”.

“El Speroni más acendrado, el que mejor sintetiza a todas sus voces, se encuentra en su último libro, titulado “Padre final”, dice ahora Néstor Mux.

Por su parte, Lahitte glosa un articulo de Ricardo Egles –”Speroni y el demonio de su poesía” en donde sostiene que “salvo Pablo Neruda no existe en nuestra lengua otro poeta capaz de transferir tal dosis de sangre a la imagen y a la palabra” y, añade Lahitte, en similares términos de elogio se refirieron a Speroni intelectuales como Juan Ramón Jiménez, Miguel Angel Asturias y Luis Rosales.

UNA CARTA

En su recuperada casa del sur platense, Néstor Mux revisa uno de sus libros –”Cartas íntimas para todos” – y rescata la que le escribió a Speroni en septiembre de 1967, poco después de su muerte. Allí le dice que está llegando el verano, “que ayer tomamos vino en la casa de Gustavo y una vez más contemplamos tu hermosa fotografía, con tus ojos increíbles de niño feroz, con tu sonrisa clara, silenciosamente lúcida como la de los poetas de verdad”.

“Yo simplemente te escribo para decirte que las grandes lluvias del año enverdecieron la hierba de City Bell, de tu pequeño inmenso City Bell que no te olvida, porque con pasar con el ómnibus y ver sus árboles, sus gentes anónimas, ese cielo breve que solamente vos le descubriste, dan ganas de bajarse y llamarte a gritos. No, nunca más se podrá mirar tu ventana, ahora inútilmente abierta a los días opacos, aborrecibles, inexplicables de tu muerte. Ahora estarán sólo tu mujer y tus hijos, acariciando tus mejores objetos, el efímero recorte de un diario que elogiaba tu nuevo libro, tu asiento preferido en la mesa, tu última camisa”

Mux le cuenta luego que ganó un premio por su libro “Nosotros en la tierra”. Y recuerda que alguna vez Speroni le corrigió con toda severidad unos poemas originales: “Por ello te escribo esto. Para que comprendas que no te defraudé, que jamás olvidé tu medular y áspera voz: para que en alguna medida aceptes que no estás tan solo, para que vuelvas sonreír, para que comprendas que sos una suerte de héroe de luz y para que sepas que la poesía que trazó tu vida no tiene muerte”.

LA MEMORIA

Roberto Themis Speroni no figura en las últimas antologías de poetas argentinos. Sus colegas lo olvidaron, pero no la gente. Y menos la gente de City Bell. Uno de los colegios mas conocidos, con niveles primario y secundario, lleva su nombre. También ocurre lo mismo con una calle. Hace algunas décadas hubo una suerte de amague “separatista” por parte de algunos vecinos citybelenses, que querían crear un nuevo distrito separado de La Plata. Alguien propuso que se llamara Speroni.

Speroni fue profundamente feliz con Nelly, su mujer. Ella tenía dos hijos de su primer matrimonio, a los que el poeta amó completamente, al igual que a los dos hijos que tuvo con Nelly. Ella fue una gran pedagoga y como tal fue secretaria provincial de Educación durante la administración radical de Anselmo Marini.

Pero antes de conocerla, muy joven, Speroni tuvo éxito con las mujeres. Se lo reconoció expresamente la la bellísima escritora entrerriana Emma de Cartosio: “¿Te acordás Roberto? ¡Claro que no! Vos eras el poeta buen mozo de increíbles ojos verdes, que admirábamos las muchachas de la Facultad de Humanidades cuando al salir de clase dábamos una vueltecita por calle Siete. Vos estabas en la Paris. No sabés cómo te contemplaba esa tímida rubia provinciana que ahora, mujer madura, confiesa su enamoramiento adolescente. Pero...¿quién no estaba enamorada de vos?”

Speroni le devolvió a la Cartosio ese piropo, con un poema en el que le cuenta cuáles sus palabras claves, las que él prefiere: “Ojo, paloma, piedra, sangre, aguja/ son palabras que uso con frecuencia/ palabras que cabalgo, que utilizo asiduamente, con repeticiones/ Y luego vienen hueso, luto, frío/ tabaco, hierba, plomo, pez, caballo/ cereal, constelación, humo, tristeza/ soledad, mariposa, viento/ escarcha/ noche, niño, madera y tantas otras/ y tantas otras que coagulo en oro/ en arpillera, en vidrio, en nube oscura/”

“Palabras que son mías porque nadie/ les dio tanto temblor. Las empujaron/ las tiraron allí. Las junté un día/ que buscaba guijarros y el otoño/ tenía doce años y un insecto/ me indicaba las horas y mi padre/ era feliz al lado de su torre/”.

“Las puse en el bolsillo de las hojas/ en un guante de víbora, mezcladas/ con hilo de mezclar y fruta seca/ Mi pantalón, sin ser el infinito, tenía unos lugares asombrosos/ donde la miel y el agua y la memoria...” Y aquí, el manuscrito se interrumpe.

Soneto a la paloma que maté de niño

Todavía conservo entre las manos
el pequeño temblor de tu agonía
y tu cuerpo de luz, donde cabía
la forma de los aires provincianos.

Herido ante un aliento de manzanos
cayó tu corazón, y el mediodía
se quebró en tu garganta y en la mía
con dolores opuestos y lejanos.

Dejé tu muerte azul bajo un ciruelo.
El verano cruzaba por el cielo,
jinete de un delgado escalofrío.
La infancia se me fue con el asombro:
por eso, cuando en pájaros te nombro
tu corazón regresa con el mío.

Roberto Themis Speroni
(La Plata, 1922-1967)

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE a esta promo especial
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Registrate gratis para seguir leyendo

Ya leíste varias notas de El Día. Creá tu cuenta gratuita y seguí accediendo al contenido del diario.

¿Ya tenés cuenta? Ingresar

Has alcanzado el límite de notas gratuitas

Suscribite a uno de nuestros planes digitales y seguí disfrutando todo el contenido de El Día sin restricciones.

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme

ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES

Para disfrutar este artículo, análisis y más, por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales

¿Ya tiene suscripción? Ingresar

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme
PUBLICIDAD