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Los seres humanos evolucionan para correr, pero no lo hacen bien

Un experto asegura que es mejor correr sin calzado alguno - shutterstock

Por Redacción

Especial para EL DIA
de National Geographic

Hoy, correr no se relaciona con la supervivencia sino más bien con el deporte y con el deseo de quemar calorías.

Pero para nuestros antepasados remotos, correr largas distancias persiguiendo presas como avestruces o antílopes tenía una ventaja evolutiva.

En su nuevo libro “Notas al pie: correr nos hace humanos”, Vybarr Cregan-Reid, investigador de la Universidad de Kent en Inglaterra, nos recuerda esta historia con frecuencia olvidada. En su opinión, correr se relaciona con la libertad y con dejar atrás los aparatos para conectarse con la naturaleza (dice que las cintas para correr son “la comida chatarra del ejercicio”).

El autor habló acerca de cómo lo inspiró su tío irlandés, que corrió en las olimpíadas y por qué cree que correr descalzo es más natural y provocaría menos lesiones.

P: ¿Cómo empezó a interesarle correr?

R: Yo había corrido, por períodos, desde los veintipico, pero recién empecé a hacerlo en serio hace 10 ó 15 años. Ahora tengo casi 50. Tenía un tío que no paraba de correr, casi siempre descalzo. Compitió por Irlanda y luego por Gran Bretaña en dos Olimpíadas. También ganó una medalla de oro en los campeonatos europeos de 1966.

P: ¿Cómo convencería a alguien a quien no le gusta correr?

R: Primero le diría que probablemente no lo esté haciendo bien. A la mayoría le disgusta correr porque piensa, por ejemplo, en cuando corre el ómnibus. Eso es feo. La mayoría de los principiantes se dan por vencidos cuando se lesionan por haber corrido demasiado, muy pronto. La mayoría de los beneficios de correr radican en avanzar lentamente. Hasta pienso que no es un deporte. No se lo debe practicar así. Es algo innato para nuestra especie. Es una forma de entrar en contacto con el medio ambiente y con nuestros pensamientos. También es una manera de liberar esas endorfinas producidas por nuestro organismo, y eso nos hace bien.

P: Usted dice que nacimos para correr. ¿Nos explica el rol que eso tuvo en nuestra evolución y cómo se refleja en nuestra anatomía?

R: Muchos aspectos de nuestra anatomía, desde la punta de los dedos de los pies hasta la cabeza, están en su sitio para que seamos buenos corredores. Tenemos un ligamento llamado ligamento nucal, que impide que se nos caiga la cabeza hacia adelante. El hecho de que tengamos rostros planos, y los dientes tan retraídos en nuestra cabeza, también nos permite contar con un buen centro de gravedad mientras corremos.

El ser bípedos implica que sólo aproximadamente el 40 por ciento de nuestro cuerpo queda expuesto al sol del mediodía, a comparación del 70 por ciento en la mayoría de los mamíferos. Como resultado, podemos mantenernos más frescos. Todo esto contribuyó a que nuestros antepasados fueran buenos cazadores. En lo que al pique se refiere somos malísimos a comparación de otros animales. Pero recorriendo distancias, somos casi los mejores del planeta.

Si estuviéramos persiguiendo un antílope o una cebra, nos dejarían atrás en los primeros cientos de metros. Pero como perdemos calor de manera mucho más eficiente que los cuadrúpedos, nos convertimos en cazadores de larga distancia más efectivos. También ayuda el hecho de tener un sistema nervioso que libera endorfinas.

P: ¿Cuándo- y por qué- comenzó la locura moderna por correr?

R: Hubo cierto entusiasmo por correr en el siglo XIX, pero no se veía gente corriendo por las calles. No se necesitó realmente el ejercicio hasta que se impuso la cultura del trabajo sedentario, que es la razón por la cual corremos ahora. Correr además es barato y fácil: nadie tiene que aprender a hacerlo. En una cultura en la que cada vez pasamos más tiempo trabajando, tenemos cada vez menos tiempo de darle a nuestro cuerpo el tipo de movimiento que pide. Hace treinta años tampoco había tantos gimnasios.

P: Usted no es el típico corredor: corre descalzo y se ha ido desprendiendo progresivamente de la mayoría de los accesorios tecnológicos. ¿Por qué?

R: Corro descalzo porque me lesioné repetidamente y aprendí a correr bien cuando me saqué las zapatillas. Cuando uno se descalza no tiene amortiguación, el suelo nos habla de la forma en que corremos. Las zapatillas con amortiguación nos permiten correr mal, en cambio los pies descalzos nos cuentan mucho más del mundo que nos rodea. Algo se enciende en nuestro cerebro tan pronto como nos descalzamos.

Una de las cosas que amo de correr es que no lo hago para estar en forma. Estar en forma es el resultado. Lo que me gusta es desenchufarme, así que me gusta que sea un momento de relajación, no frenético. Ni bien cuento el tiempo que puse en el último kilómetro o controlo cuántos pasos dí, empieza a ser menos relajante. Nadie controla cuántas calorías quemó después de una hora de meditación. Y para mí, correr se asemeja más a la meditación que a ponerme en forma.

P: ¿Por qué es tanto mejor correr al aire libre que en una cinta?

R: La cinta fue inventada a principios del siglo XIX, cuando se intentaba desarrollar un castigo sin llegar a la pena de muerte. Así que por más de cien años, la cinta se usó para castigar. Oscar Wilde fue condenado en 1895 a dos años de trabajos forzados y debió correr en la cinta hasta seis horas por día. Casi muere. Murió tres años después de salir de prisión. Después, tras desaparecer cuatro décadas, la cinta fue reflotada al final de la Segunda Guerra Mundial. Para mí, son como la comida chatarra, que le saca todo lo bueno a los alimentos, como la fibra, las vitaminas y los minerales y deja la grasa y el azúcar.

Pero hay que fomentar todo lo que permita que la gente disfrute de su ejercicio, con o sin tecnología.

P: Usted comienza el libro preguntando “¿por qué corro?” y lo termina en un lugar remoto: Detroit. ¿Encontró la respuesta ahí? ¿Cuál es?

R: en Boston hay gente corriendo por todas partes. Pero en las semanas que pasé en Detroit, no vi a nadie corriendo. Seguro que hay muchas razones para eso, pero una es definitivamente económica. No es fácil encontrar tiempo para correr cuando uno tiene dos trabajos, o si siente que el ambiente que lo rodea no es el adecuado para correr.

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