Armando Discépolo, creador del grotesco criollo y autor de varias obras clásicas del teatro argentino, siempre vuelve. En esta ocasión, es el director Marcelo Zitelli quien revive una de las obras menos transitadas del autor, “Amanda y Eduardo”, escrita en en 1931 y que podrá verse todos los viernes de septiembre en la porteña sala El Tinglado, Mario Bravo 948.
Y vuelve porque algo del mundo discepoliano parece mantenerse vigente en el aire. “Todo clásico llega a ser clásico porque se trata de principios fundamentales, que no cambian con el tiempo, inherentes al espíritu humano”, explica Zitelli, para quien “Discépolo es el más grande autor argentino: escribió de todo y seguimos viviendo todo lo que él escribió”.
“Amanda y Eduardo”, dice el director, es de todos modos “una obra muy particular” dentro de la dramaturgia del autor porteño: Discépolo es el padre el grotesco, pero la obra que se mostrará en El Tinglado es un melodrama.
“Toca todos los puntos fundamentales de las relaciones de pareja: el poder, la culpa, la necesidad de ser reconocido, la mirada de los demás sobre la pasión”, afirma sobre el pasional texto que llevó “seis meses de ensayo” al elenco, que buscó “investigarla, buscarle la mayor profundidad que fuéramos capaces de encontrarle”, sin prisa porque “uno no puede definir exactamente cuánto tiempo puede uno ensayar una obra: la obra empieza a madurar y te das cuenta que estás tocando la tecla del autor, ahí es cuando uno está para estrenar”.
“Amanda y Eduardo” retrata la historia de la protagonista, comprometida con un estanciero mayor que la mantiene a ella y a toda su familia. Todo cambia cuando se enamora de Eduardo, un humilde periodista también casado. La pasión y la obsesión se apodera de ellos y como escribió Discépolo “se quieren más que a sus propias conciencias”. La trágica atracción lleva a la joven protagonista a replantearse su situación, pero se vuelve rehén de un mundo donde el dinero se impone.
Una obra donde las protagonistas son las mujeres: Amanda, interpretada por la platense Laura Cañón, lleva “todo el peso dramático de la obra” acompañada de Elvira (Ayelén Garaventta, también habitante de nuestra ciudad), Elena (Muriel Rébori Mahdjoubian) y Doña Flora (Mirtha Alicia Olivieri), con Fernando Arsenian en el rol de Eduardo.
“Hay muy pocos autores que siendo hombres han escrito grandes personajes femeninos, incluso internacionalmente. Ibsen fue uno, y creo que Discépòlo es el ejemplo nuestro”, explica Zitelli.
La complejidad de Amanda le resulta “sumamente interesante” a Cañón, atrapada por esa decisión de “arrojarse sin saber que hay del otro lado del abismo, algo muy poderoso”.
Para Cañón el coraje de Amanda llega como consecuencia del desborde de su deseo: “Lo dice el autor, dio todo por su familia. Dio tanto que se dio a ella misma: más no podía dar. A veces los deseos personales la superan... y se la juega. Discépolo trabaja la lucha por cumplir esos deseos, y ese es para mi un mensaje para dar”.
PARA TENER EN CUENTA
CUANDO: Viernes de septiembre a las 22.15
DONDE: El Tinglado, Mario Bravo 948.
MAS INFO: en el Facebook de la obra “Amanda y Eduardo”
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