Carnevale y Suar vuelven a escribir una cinta con la cual el “hombre de a pie” puede identificarse con facilidad. Y también la mujer, eterna víctima de la pasión deportiva de los hombres. Pero Julieta Díaz afirma que no fue Ése el rasgo que más la acercó a Verónica, sino el hecho de que “en el momento de crisis en el que están, ella ve solo el problema en el otro. Uno siempre cree que cuando hay un conflicto la culpa es del otro”.
De todos modos, y a pesar de estar casado con un norteamericano, Díaz sufre en su vida personal esa faceta de su marido: “En la época del SuperBowl se encierra en una habitación y yo escucho ‘fu..., motherfu...’”, cuenta entre risas, y dice que el resultado del partido “se delata en el humor: cuando ganan viene de buen humor, pero como son de perder mucho se me complica”.
Pero, lejos de hacerse drama, Díaz dice que “a mi me viene bien: es como noche de solteros. El problema de Verónica es ese: toda su vida está alrededor de la agenda futbolística de su marido”.
Estos roles tradicionales que el guión otorga a sus protagonistas podría ser visto como propio del pasado, la historia ya vieja del hombre fugándose al fútbol y la mujer soportando y sosteniendo el ámbito familiar en medio de un clima de época en que este tipo de caracterizaciones está en revisión.
Pero Díaz dice en ese sentido que aunque es importante estar atentos (“yo lo estoy siempre, porque a veces hasta uno es machista, es a lo que estamos acostumbrados”) lo que más le gustó del guión fue que encontró una historia equilibrada: “Hablamos mucho de ese tema, para evitar que ella no se convierta en la ‘jabru’, y que tampoco sea él el que tiene el problema y ella tiene que curarlo. El guión está muy balanceado”.
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