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Amor y pensión bien repartidos

Por Redacción

El Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Córdoba resolvió que la Caja de Jubilaciones de la provincia deberá otorgar una pensión por fallecimiento, dividida en partes iguales, entre la ex cónyuge y la ex conviviente de un jubilado bancario. Concluyeron que “si bien resultaba probada la convivencia” hasta la muerte del hombre, éste “no había desamparado a la esposa, con la que se había separado pero nunca se había divorciado”.

Nostálgico y justiciero, el cordobés repartidor había decidido en vida premiar a su primera novia y a su última mujer. Lo hizo con lenguaje bancario, donde el efectivo es símbolo y significado. La justicia analizó el caso y al final acabó dándole formato legal a este amor de sueldo antiguo que la muerte vino a eternizar. Equitativo y controlador, el bancario nunca les perdió pisadas. Dejar cada treinta días unos pesos en su vieja casa, era una forma de seguir estando. Y ahora gracias al tribunal continuará para siempre en la memoria de estas dos señoras, que ya no lo tienen más, pero con las que vuelve cada mes para poder reclamar su lugarcito.

Hay enamorados que saben llevarse bien con dos. Hay otros, a los que uno les parece demasiado. No es fácil saber distribuir armonía y recursos en negocios tan sensibles. En el juego siempre cambiante de la visa matrimonial, este empleado acostumbrado a sumas y restas logró de alguna manera que ninguna saliera perdiendo del todo. Su vida hogareña se desgastó, nada nuevo, pero encontró a tiempo una reemplazante que le volvió a dar ilusión, ganas y desquite. La transición fue respetuosa y ordenada. El banco le había enseñado que en la vida todo es entradas y salidas. Pero, para que la separación y la mudanza no fueran tan dolorosas, decidió incluir a la legítima a la hora de pensar en un reparto, sino de su corazón, al menos de sus bienes. La cosa funcionó tan bien y tan la vista, con los tres tan complacidos, que el contencioso cordobés resolvió mantener unido a este triángulo bien presupuestado. Ahora la pensión permitirá distribuir mensualmente entre estas dos mujeres la herencia material de un compañero que a ellas y a los magistrados les enseñó a dividir y a no restar. ¿Premio a la disciplina bancaria o nuevo encuadre para separados piadosos que quieren entrar sin culpa en cama nueva? Es respetable esto de querer compensar al pasado por los antojos del presente. Al decidir pasarle su cuota de alimentos a la damnificada, el ex jefe de familias le concedió un poco de alivio a recuerdos y alacenas. Y fue este encuadre generoso y previsor el que acabó inspirando a la justicia cordobesa. El fallo del supremo tribunal no hizo otra cosa que convalidar los planes de un bancario romántico que a su ex le dejaba una pensión vitalicia para que el abandono duela menos y el recuerdo dure más.

La semana pasada glosamos las aventuras de una bancaria que obtuvo un pedido de perdón y un resarcimiento de 60 mil pesos por haber sido agredida por una esposa engañada, rabiosa y doblemente perdedora. Ahora, otro bancario, que también puso los números en orden, logró pos mórtem una distribución salomónica entre dos mujeres que, cada una en su tiempo, depositaron en él caricias, goces y expectativas. Amó a las dos. Con amor y billetes mantuvo saldo a favor. Le pagaba día a día a su nueva compañera y una vez por mes a su ex. Quería que en cada cobranza la abandonada se sintiera reconocida. El sueldo de bancario y una economía juiciosa le permitió costear dos afectos, con puntualidad y sin conflictos a la vista. Los giros mensuales a la ex fueron achicando la deuda por desamor y rencores. Y su “conviviente” siempre aceptó la vigencia de un plan de pagos que compensaba pero no comparaba. No son fáciles los tríos. Los amores son egoístas. Y a las nuevas parejas no les gustan los prorrateos ni los recuerdos. Cambiar de cónyuge siempre es carísimo. Por eso, la buena fe de este cordobés, que logró armar un nuevo hogar sin dejar desguarnecido al otro, fue valorado por el tribunal que le hizo lugar a su última voluntad: que su pensión sea parte del negocio pos conyugal de un par de viudas que acabaron resultando más socias que competidoras.

La decisión que la Caja de Jubilaciones de la provincia le otorgue “una pensión por fallecimiento, en concurrencia y por el 50 por ciento para cada una, a la ex cónyuge y a la ex conviviente”, es la coronación de un amor llevadero y distributivo. Para llegar a este final, el tribunal tuvo que rechazar una demanda de la concubina que pretendía el cien por ciento de la pensión a cada una. A los jueces les pareció que esa ausencia no podía costar tanto. Y no quisieron premiar a la doble vida con una pensión multiplicada que daría demasiada esperanza a los adúlteros. Su razonamiento quedó firme: si en vida se disputaron el bancario, que muerto se lo repartan.

El bancario romántico logró una distribución salomónica entre dos mujeres que, cada una en su tiempo, depositaron en él caricias y expectativas. Amó a las dos. Con amor y billetes mantuvo saldo a favor

Nostálgico, el cordobés había decidido en vida premiar a su primera novia y a su última mujer. Y el tribunal supremo a acabó dándole formato legal a este amor de sueldo antiguo que la muerte vino a eternizar

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