“Para quienes elegimos el Estado y su sistema de residencias como medio de formación existen diferencias notables e inaceptables entre las especialidades. Mientras que algunos compañeros, luego de terminar sus especialidades cobran sueldos mensuales de seis cifras, otras especialidades no encuentran más salida laboral que un sueldo municipal en un centro de salud que apenas supera los diez mil pesos al mes. Si bien ambos ejemplos exageran hacia uno u otro extremo una situación laboral que evidentemente carece de marcos regulatorios, donde el sector privado impone las reglas y el Estado acata sin reparos, no se puede negar que el factor económico juega un rol central. Si el Estado pagara lo que corresponde, muchas más personas optarían por el primer nivel de atención como un lugar donde perfeccionarse”.
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