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Un emotivo festejo de Irma por sus 105 años

Irma Bianchi de Belardinelli estuvo junto a sus familiares - whatsapp

Por Redacción

Es una de las vecinas más longevas de la Ciudad

Una de las vecinas más longevas de la Ciudad cumplió años; saludada por cuatro generaciones de descendientes, desde hijos a tataranietos, Irma Bianchi de Belardinelli sopló las 105 velitas en un festejo íntimo y emotivo que tuvo lugar en su casa de La Cumbre.

Poseedora del consejo equilibrado y la palabra acertada, desde su envidiable lucidez y la experiencia que le otorga su vida más que centenaria, Irma sigue transitando cada jornada con una intensidad que asombra: cocina, teje, lee el diario, mantiene su hogar ordenado y es una impecable anfitriona para quienes la visitan, amigos e integrantes de una familia numerosa para quienes la “abu” es referente indiscutible.

Optimista y de resiliente buen humor, a pesar de los tragos amargos que de tanto en tanto depara la vida, interesada por la actualidad social y política del país, la oriunda de Ancona, Italia -donde nació en 1912- lleva 91 años en la Argentina; llegó cuando tenía 14 años, huyendo de las consecuencias devastadoras que dejó la Gran Guerra en el continente europeo y sobre todo en el país peninsular.

“Por la guerra me vine, quiero que se sepa lo que es la guerra” contó oportunamente quien abordó un buque junto a algunos de sus hermanos para venir a desembarcar finalmente en el barrio platense de 41 y 22.

Preparando el terreno, otro de sus hermanos -que había viajado antes para escapar de la soldadesca- esperaba aquí la llegada. Una vez establecida, con la ayuda de un tío por parte de su madre planeó y logró traer al resto de la familia para un nuevo comienzo en nuestro país, en años en que el ascenso de los totalitarismos y el fascismo en el Viejo Continente auguraba de nuevo vientos bélicos.

En La Plata, Irma forjó su propio destino: “siempre trabajé; ayudando en la casa de una familia en la que viví apenas llegué, y después, cuando ya tuve novio, cosiendo y tejiendo”. A los 19 años, uno después de ponerse de novia, se casó con quien sería su gran amor y compañero de vida durante 66 años, Gino Belardinelli.

Tuvieron dos hijos, Idilio y Vilma, y durante algunos años se radicaron en Santa Teresita donde Gino trabajó en la construcción de la primera escuela y la comisaría. Luego llegaron nietos, bisnietos y tataranietos que la llenan de orgullo.

Versátil y de memoria prodigiosa, sumó a su vida cotidiana todos los adelantos tecnológicos; le encanta leer el diario, ver TV y es una eximia cocinera. Uno de sus pasatiempos preferidos es el tejido; asegura que el secreto para estar así a los cien años es “alimentarse bien, y dar y recibir amor”.

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