Ochenta años a toda velocidad por los caminos menos pensados no podían festejarse de otra manera: una multitud le dio marco a la gran maratón de mil kilómetros que sirvieron para demostrar en vivo y en directo que la pasión por el TC sigue intacta además de ratificar que los pilotos, técnicos y mecánicos de la actualidad mantienen el nivel de quienes han protagonizado recordadas proezas a lo largo de todos estos años.
La categoría más vieja del mundo eligió para conmemorar una fecha tan particular un mítico escenario como es el autódromo que lleva el nombre de dos grandes de las rutas –Juan y Oscar Galvez-, que desde hace varios años no cobijaba al particular ruido del TC. La fiesta fue completa. En definitiva, los Galvez, Fangio, Di Palma, Traverso, Mouras, las viejas cupecitas y las rutas de antaño, o sea todos los que fueron actores centrales de esta historia, estuvieron debidamente homenajeados.
La “carrera del siglo” de la categoría estrella del automovilismo argentino estuvo plagada de variantes aunque hubo quienes mantuvieron el protagonismo durante bastante tiempo en las casi seis horas de carrera. El ganador, el Pato Silva, picó en punta cuando dieron la señal de partida, en la segunda vuelta quedó anteúltimo después de un toque y escaló hasta el principal peldaño del podio después de pelear con Trucco, Werner, Ardusso, Urcera y en los tramos finales con el campeón Guillermo Ortelli.
La pelea final entre dos históricos, como Silva y Ortelli, fue la frutilla del postre y la vieja pelea Ford-Chevrolet dominó la escena hasta que la bandera a cuadros coronó al chaqueño.
Hubo múltiples estrategias frente a las obligadas paradas que los pilotos titulares debieron realizar para cambiar de conductor, cargar combustible o cambiar las cubiertas. Todas alternativas que hicieron mantener hasta los últimos metros la expectativa por saber quien se quedaría con el máximo galardón. Las tribunas explotaron jubilosas frente a pelea entre el óvalo y los chivos –un clásico del TC--, más las presencias siempre amenazantes de Dodge y Torino que le pusieron pimienta a una pasión que se renueva.
La historia cuenta que el Turismo de Carretera encendió los motores el 5 de agosto de 1937 con un Gran Premio que, como no podía ser de otra manera, recorrió desafiante miles de kilómetros. De aquel momento hasta estos días la categoría más popular entre los aficionados argentinos fue transfiriendo su popularidad de generación a generación recorriendo rutas y pistas de tierra, ripio, barro o asfalto, siempre a fondo. Entre los años 30 y el 50 mejoraron los caminos, se modernizaron los autos y de pronto aparecieron velocidades que impactaron en la gente.
En cuanto al recorrido que eligieron las autoridades de la ACTC para recordar las ocho décadas tuvo sus particularidades. Hacía 30 años que el Turismo Carretera no cumplía una prueba tan larga: la última vez había sido en 1986 cuando el Gran Premio de esa temporada cubrió 1400 kilómetros.
Y en Buenos Aires habría que remontarse a 1955 para encontrar un desafío similar cuando se recorrieron mil kilómetros en una carrera de autos sport.
La fiesta del TC nos lleva a reiterar una vez más que La Plata es y ha sido fierrera. Los memoriosos y quienes aman esta actividad lo saben. Desde los tiempos de Jorge Orduna, Ricardo López y Osvaldo Juchet, por citar sólo tres de los numerosos representantes que hemos tenido en las principales categorías nacionales, hasta Gastón Mazzacane –hoy peleando los puestos de punta en el TC- que inscribió su nombre en el privilegiado círculo de la F-1, muchos hombres han despuntado la pasión por las altas velocidades, siempre rodeados del apoyo de mucha gente identificada con la actividad tuerca.
Nunca los platenses estuvieron ajenos al ruido grande y tanta pasión supo de escenarios propios, como el del Paseo del Bosque en tiempos de Fangio, o el semipermanente “Jorge Orduna”, un triángulo conformado por la diagonal 74, el camino costero de Punta Lara y el camino Rivadavia, donde rugieron los motores más potentes del viejo TC y el Turismo Nacional. Más para aquí en el tiempo, el circuito “19 de Noviembre” cobijó numerosas ediciones de la “Vuelta de La Plata”, utilizando la avenida 66, el camino Costa Sud y la ruta provincial 36.
Pasó la gran fiesta de los ochenta años del TC. Y fue como siempre, con todo el color y el calor que sólo es capaz de dar para los amantes del automovilismo el histórico TC.
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