El fallecimiento del arquitecto José Miguel Lanzilotta provocó numerosas muestras de dolor entre las personas de distintos ámbitos locales a los que él se vinculó, ya sea por el ejercicio de su profesión como por su militancia de vida.
Había nació el 27 de octubre de 1943 en Pehuajó, pero llegó a La Plata siendo muy pequeño. Sus padres fueron José Miguel y Francisca Bergues; se crió en su casa de 67 entre 5 y 6, en el barrio de Plaza España.
Cursó sus estudios en el Colegio Nacional y luego completó su formación en la facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNLP.
A fines de los años sesenta y principio de los setenta integró la Juventud Peronista y tuvo una activa participación en los tiempos previos al retorno de Juan Domingo Perón a la Argentina. Cuando se produjo el golpe militar de 1976, sufrió amenazas que lo obligaron a emigrar junto a su esposa e hijas. Regresó del exilio recién con el advenimiento de la democracia en 1983.
Tuvo ocho hijos Ana, Juana, Malena, Paula, Sara, José Miguel, Francisca y Martín; 9 nietos y estaba unido a Laura Michelena.
Ya en el país comenzó nuevamente a trabajar en su profesión y retornó como docente a la Universidad platense en Arquitectura y en Bellas Artes.
Poco tiempo después, con Antonio Cafiero como gobernador fue designado como director de Infraestructuras en la Dirección General de Escuelas de la Provincia.
Además fue un hombre de la música y sus allegados consignaron que fue uno de los mejores ejecutantes de quena de la Ciudad; con ese instrumento reflejó su amor por la música autóctona. Lo acompañaron durante muchos años amigos que ejecutaron la guitarra, el bajo y percusión; con gran generosidad, iba a tocar donde se lo pedían.
En los últimos años retomó los estudios de piano que había comenzado en su infancia. Su nivel le permitió unirse a otros músicos amigos y logró reconocimiento por sus ejecuciones de la música ciudadana, el tango, y otras expresiones americanas.
También fue un extraordinario dibujante que realizó a mano perspectivas de las principales trazas arquitectónicas de La Plata; obras cuyos originales se conservan y se hicieron copias que circulan por la Ciudad.
Fue un docente de alma y como titular de Comunicaciones en la facultad de Arquitectura impulsó su visión del mundo que puso la cuestión humana como valor innegociable.
En los últimos años Lanzilotta volvió a vincularse activamente a la política; promovió inolvidables debates con compañeros y amigos y participó junto a gente más joven de los nuevos enfoques en la historia pasada y actual.
Su entorno lo definió como un amigo de todos, querido como pocos, siempre honesto y humilde, un arquitecto de la vida, un músico, un padre y un esposo que, sin duda, se va a extrañar mucho.
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