Si bien es una moda que creció de manera vertiginosa y pasó a ser parte de lo cotidiano y natural, pocos furores como el de los tatuajes tienen en nuestro país un nivel de alcance tan amplio y con diferencias de edad cada vez menos reconocibles. Lo que antes, mucho antes, era una práctica frecuente entre marineros y presos y tiempo después, mucho después, pasó a ser un boom entre los jóvenes, se convirtió ahora en una tendencia que prende tanto en chicos como en abuelos. La ilusión de verse la piel con un dibujo, un retrato, un nombre o una simple letra de origen lejano es moneda cada día más corriente en personas que pasaron los sesenta y, en muchos casos, ya son hasta bisabuelos.
Basta con salir a la calle, levantar la mirada y encontrar a simple vista a una persona con alguna parte del cuerpo tatuada, situación que se replica en todos los ámbitos y en todos los estratos sociales. De aquellas épocas en las que el tatuaje era para los “raros”, hoy apenas quedan los recuerdos.
“Los protagonistas de la moda siguen siendo los sub cuarenta -cuenta Daniel Luna, un tatuador local con varios años en el oficio-, pero es innegable que cada día se ven más personas mayores con tattoos. A nadie sorprende ya que un abuelo tenga un tatuaje sobre su cuerpo”.
Lo que dice Luna entra en sintonía con las palabras de Antonio, otro tatuador con 27 años en el oficio y para quien “antes nos tatuábamos para ser diferentes. Hoy la gente se tatúa para poder pertenecer. Esa es la diferencia”.
Una encuesta de 2004, publicada por la Academia Americana de Dermatología, reveló que el 36% de los estadounidenses entre 18 y 29 años tenía algún tatuaje, mientras que de 30 a 40 la cifra era del 24% y de entre 41 y 51 años, un 15%. En septiembre de 2006, el Centro de Investigación Pew llevó a cabo una encuesta telefónica que encontró que el 36% de los estadounidenses entre 18-25 años, 40% de los 26-40 y 10% de los 41-64 tenía un tatuaje. Concluyeron que los millennials (la generación nacida entre 1980 y 2000) no tienen miedo de expresarse a través de su apariencia, y que los tatuajes son la forma más popular de auto expresión.
Para Nano, de Ponto Tattoo, el aumento de la cantidad de gente que se tatúa “es gigante” y coincide con sus colegas en que cada vez hay más tatuadores. “Las técnicas evolucionaron un montón. Se desarrollaron más las tintas y las agujas para tatuar. Además internet ayudó un montón a la difusión”, recalca.
Es que redes sociales como Instragam ayudan a naturalizar los tatuajes gracias a que actores, estrellas de rock, modelos, jugadores de fútbol e “influencer” suben sus fotos. “Todo el mundo tiene ídolos que se tatúan algo y -según Nano- eso hace que el tatuaje se empieza a sociabilizar y a aceptar”.
En esa sociabilización también entra el rango etario, que como se dijo se hizo mucho más amplio y se convirtió en algo más normal que los tatuadores atiendan gente de 70 y hasta de 80 años. También en los últimos años las mujeres comenzaron a tatuarse igual que los hombres, mientras que distintos estilos y tendencias conviven en armonía dentro el mundo del tatuaje.
La acuarela, el tradicional americano, el maorí, el tradicional japonés, el hindú, el geométrico o el realismo abstracto se llevan por igual y, en menor medida porque provoca más dolor, el blackwork.
Para muchos tatuadores, la demanda de personas mayores que buscan algún tattoo para su cuerpo creció más de un 40 por ciento en los últimos años porque, de un tiempo a esta parte, “se acabaron los miedos sobre el método de esterilización del instrumental. Antes lo más habitual era tatuar a una persona mayor cada mes, ahora cuatro o cinco por semana siempre aparece”.
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