“Uno de los factores que más atentan contras las posibilidades de los mayores de aprender el uso de las nuevas tecnologías es el prejuicio de que no pueden. Ese prejuicio, que sigue instalado en la sociedad, termina limitando muchas veces su propias posibilidades en el sentido de que lleva a que no lo intenten porque están convencidos de que no van a poder. Pero lo cierto es que una vez que se largan y empiezan a usar la tecnología se dan cuenta de que no tiene grandes secretos. Desde que arrancamos nuestros cursos a distancia, por donde han pasado personas de entre 56 y 93 años de edad, sólo un alumno abandonó porque se perdía. Si bien al hablar de la brecha digital se hace hincapié en nativos versus inmigrantes digitales, la cuestión de la edad deja sin explicar otras brechas que hay en nuestra sociedad para acceder a estas tecnologías que no sólo implican un mayor conocimiento sino la generación de un tipo de conocimiento que no se da de otra forma”.
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