Sus comienzos en el medio no fueron fáciles. A veces, ser “la hija de” no garantiza el éxito, sino mas bien una presión extra a la hora de trabajar. Esto le pasó a Marina Calabró, una licenciada en Ciencias Políticas que tuvo que romper prejuicios propios y ajenos, pero que logró imponerse en algo que ahora disfruta al máximo: el periodismo de espectáculos con algo de carga política. “No me parecen cosas excluyentes”, sostuvo la morocha de 43 años que acompaña a Jorge Lanata en “Periodismo para todos” (también en radio) y a Jorge Rial en “Intrusos”.
Ser linda e hija del gran Juan Carlos Calabró no fue gratuito. Y a Marina, ganarse un lugar le costó algunas críticas y muchas explicaciones: “Todavía opera el prejuicio y no me lo tomo personal. No me escandaliza y no me clavo puñales por eso. Necesariamente, uno tiene que poner al otro en un casillero o encajarle la etiqueta que le permita decodificarlo. La mirada del afuera es tan impiadosa que hay que operarse un poco de eso, porque no es vida”.
Sumarse al programa de Lanata no fue un problema para Marina, pero sí tuvo que hablarlo con su hermana, después de todo el escándalo de la ruta del dinero K, donde estuvo involucrado su ex cuñado, Fabián Rossi. “Lo que pensé es cómo lo tomaría Iliana. Y en su momento fue una de las primeras en saber de la propuesta, no hablo de `PPT´, hablo del trabajo en la radio con Lanata, y fue tan amorosa su reacción: ‘Yo sé que es un sueño cumplido para vos y sé que es lo que querés’. Me habló de merecimientos. Y para mí fue un enorme alivio que me dijera eso, porque si ella me hubiera dicho otra cosa: “Pero, ¿cómo?, pero…”. Al contrario: me emociona contarlo. Fue muy doloroso para nosotros todo lo que pasó en ese 2013. Sumarle a eso que papá estaba como estaba y murió en noviembre de ese año. Fue la primera vez que pasé semanas sin hablarme con Iliana, que ella pensara de mí que cómo no estaba sosteniendo eso que ella creía que tenía que sostener y…”, dijo la periodista y se tomó un respiro para contar el final de la historia.
“Todavía opera el prejuicio y no me lo tomo personal. No me escandaliza y no me clavo puñales por eso. Necesariamente, uno tiene que poner al otro en un casillero o encajarle la etiqueta que le permita decodificarlo. La mirada del afuera es tan impiadosa que hay que operarse un poco de eso, porque no es vida”
“Finalmente nos entendimos. Yo entendí que ella necesitó hacer lo que hizo porque confió, porque creyó, porque en el torbellino que te genera que te explote una bomba en el living de tu casa vas haciendo lo que vas pudiendo, y lo que te dicta el corazón. Estás ciega y estás negada. Y también ella entendió que yo, de afuera, porque quieras que no, por más que sea el padre de mis sobrinos, la veía de afuera, tenía otra mirada y sentía que lo que tenía que hacer era lo que estaba en mi convicción. Y si hubiera dicho otra cosa me hubiera traicionado a mí, lo hubiera traicionado a mi viejo y a todo lo que él nos inculcó. Fui fiel a lo que pensaba, a lo que sentía y a lo que creía, y tuve la suerte de que en ese momento trabajaba con Santiago Del Moro. Tuvimos una charla y él me dijo: “Contás con el programa, si querés tomarte vacaciones, si querés que no hablemos del tema…”. Yo creí que lo mejor era dar la cara y decir la verdad”, explicó
Marina lleva más de cuatro años junto a Martín Albrecht, director comercial de América, y aunque no conviven y descarta por completo tener más hijos, no faltan los fines de semana con la familia ensamblada: “Cuando Mía (la hija que tuvo con su ex pareja, Martín Virasoro) está conmigo, estamos todos juntos con su hijo menor. Él tiene dos hijos grandes, el que nos queda, Kai, que tiene nueve años y Mía, de ocho. Así que estamos ahí, los cuatro”, cuenta la periodista sobre los planes en familia.
“Cada vez que veo a mi novio, pienso en sexo. Me cambia la cara cuando hablo de él... Estoy loca por él, loca de amor. Somos un plomazo, yo lo reconozco. En alguna cena de amigos nos recriminan que estamos así, como pegajosos”
Pero cuando los hijos no están, la pasión se enciende. En más de una oportunidad Marina ha hecho referencia al fuego que es la relación con su pareja: “Cada vez que veo a mi novio, pienso en sexo. Me cambia la cara cuando hablo de él”, reconoció la menor de las Calabró y amplió el tema.
“Estoy loca por él, loca de amor. Somos un plomazo, yo lo reconozco. En alguna cena de amigos nos recriminan que estamos así, como pegajosos” dijo y descartó de plano la posibilidad de que la pareja sea “abierta”: “Somos muy mayores para eso. No, de ninguna manera, no. Él te lo negaría con el mismo énfasis que yo”.
A la hora de elegir entre sus dos jefes, Marina no logra decidirse: “Del Moro diría que es como que te pregunten a quién querés más, a mamá o a papá. Imposible. Son muy distintos. Tienen una cosa en común que es esto de estar de vuelta. Cuando el otro no especula, no mide, va sin filtro, porque ya construyó su carrera, ya se instaló, ya tiene un nombre, ya no se le juegan inseguridades. Lanata es muy lúdico, es muy gracioso, tiene siempre su comentario ácido bajo el poncho y además es un tipo que tiene un pensamiento lateral que nunca dice ni lo obvio ni lo previsible. Rial es un tipo que no llegó adonde llegó por casualidad, se arremanga más que nosotros, que todavía tenemos que demostrar. Tiene algo increíble: es muy difícil sorprenderlo. Todo lo que vas a contar ya lo sabe. Y sobre todo lo que vas a contar, tiene algo para agregar”, dijo.
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