Siete policías fueron separados de sus cargos y denunciados ante la Justicia por el manejo irregular de las llamadas “Horas POLAD”, que para el vulgo no son otras cosa que las tareas adicionales que cumplen los efectivos policiales. La cosa funciona más o menos así. El ferretero de la esquina, que teme por los robos, contrata una custodia policial para la vereda de su negocio. Hace el pedido formal en la comisaría del barrio, que le destinará un agente para que cumpla tal labor. El ferretero, luego, debe abonar ese trabajo en efectivo, en la sede policial. Hasta aqui, “todo bom, todo legal”. A no ser que al pícaro comisario se le ocurra inflar los servicios que presta su gente.
Por ejemplo, un club de fútbol pide custodia para su estadio cualquier día de partido. Un “experto” en Seguridad dirá que son necesarios 600 agentes, a los que se les paga con Horas POLAD.
La realidad, sin embargo, es que en lugar de los 600 por los que se pagó, van 400. Los pesos abonados por los 200 que nunca aparecieron, se sospecha, quedan en algún bolso.
Hasta allí la noticia podría pasar como una más del sinfin de irregularidades, corruptelas y actos emparentados con la delincuencia a los que desde hace años se relaciona a la benemérita Policía de la Provincia de Buenos Aires.
El hecho, sin embargo, se torna un poco más interesante cuando se le agrega un dato no menor: entre los denunciados estaba el jefe de la comisaría 1ª. Es decir, la más emblemática, importante -y también apetecible- de la ciudad capital de la Provincia de Buenos Aires.
Pero el cóctel aun no está completo. Dentro de esa misma comisaría se hallaron llamativos $800.000 en efectivo, perfectamente acomodados en fajos de $10.000 y sobre los que las explicaciones hasta ahora ofrecidas no fueron todo lo convincentes que se esperaba.
Lo que sí estaba debidamente acreditado era el listado de los efectivos que debían cobrar esos servicios adicionales. Claro, en el medio había algunos detalles “folclóricos”, por denominarlos de alguna manera. Es que al menos uno de los que aparecía cobrando llevado ocho años retirado de la fuerza y jamás había recibio un peso en concepto de horas adicionales.
El desprevenido ciudadano, finalmente, cae en la cuenta de que algo está fallando, o como dice el Diego, aqui se escapó la tortuga. Basta recordar el caso Masana, el ahora preso ex policía millonario, que -casualmente- supo manejar hace ya casi dos años las horas POLAD de la misma comisaría, casi al mismo tiempo en el que entró a robar en la casa del intendente Garro.
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