Los números duelen. Reflejan una realidad preocupante pero que, además, aflige. Y que impone a las autoridades políticas un desafío extra. El INDEC, que ha recuperado la credibilidad luego de años de falsear estadísticas y esconder bajo los pliegues de cálculos amañados la pobreza en el país, acaba de revelar que el desempleo trepa al 8,7 por ciento al cabo del segundo trimestre del año.
En el poco envidiable ranking de conglomerados urbanos con mayor desocupación en el país, el Gran La Plata araña el podio. Mar del Plata aparece al tope con el 11,9 por ciento, seguida del Gran Buenos Aires y Rosario. Nuestra región se anota con una cifra bien empinada: el 10,2 por ciento.
El resultado del estudio es mucho más inquietante aún si se traza una comparación interanual. Si los números surgidos del INDEC hace unos días se confrontan con los del mismo período relevado del año pasado, el cuadro de torna mucho más dramático porque la desocupación que era del 6,9 por ciento se disparó al mencionado 10,2 por ciento en nuestra región.
El organismo oficial de estadísticas explica ese ascenso brusco en dos cuestiones centrales. Por un lado, marca que existe una caída efectiva del empleo del 42,7 al 41 por ciento. Pero además, consigna que hay más personas que están buscando trabajo.
Este último aspecto interpela a la política y pone frente a las narices del oficialismo y la oposición la imperiosa necesidad de crear fuentes de trabajo genuinas. Para ello, La Plata necesita inversiones y su principales actores deberían tomar nota de ello.
Nuestra ciudad ha intensificado con los años su perfil administrativo. Ser capital de la Provincia y en consecuencia sede del Gobierno abonó a profundizar esa figura emparentada al Estado, que terminó por transformarse en el gran y prácticamente exclusivo empleador.
Pero ese Estado, sobredimensionado en numerosas áreas, se prepara para, o al menos amenaza, ir cerrando las puertas vaivén del ingreso irrestricto. El gobierno nacional tiene en pleno diseño una ley de Responsabilidad Fiscal y uno de sus aspectos centrales será el control del gasto en personal tanto de las provincias como de los municipios.
Frente a este panorama, La Plata debería avanzar hacia un gran acuerdo político y social en busca de atraer inversiones, con medidas de fomento y estímulo que contribuyan a bajar es 10,2% de desocupación que registró el INDEC.
Tiene la Ciudad ventajas comparativas frente a otras zonas de la Provincia. Poco menos de 50 kilómetros de autopista la conectan con capital federal. Cuenta, además, con un sector industrial sobre la ruta 2 de 93 hectáreas, de las cuales el 90 por ciento no están ocupadas y con un régimen de promoción nacional y provincial que exime por 10 años el pago de Ingresos Brutos y la tasa de Seguridad e Higiene. Pero por una u otra razón, ese parque industrial sigue siendo más promesa que realidad.
El precinto frutihortícola brinda oportunidades para la radicación de empresas que le aporten valor agregado a esa producción. Pero no existe un régimen que incentive la llegada de emprendimientos con ese fin.
La Ciudad se debe además el desarrollo de un polo tecnológico capaz de absorber la mano de obra calificada que surge de sus universidades. Pero para ello, debe, entre otras cosas, mejorar su abastecimiento eléctrico y su conectividad.
Los número arrojados por el INDEC muestran una situación cruda y preocupante. E imponen el desafío de repensar un perfil para la Ciudad que contribuya a mitigar la afligente realidad en la que viven muchos de sus vecinos.
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