Es tiempo de hacerse ver. Facebook, Instagram, Twitter, Snapchat, etc. muestran cada minuto, cada instante, de la vida de las personas. Qué comemos. Cómo vestimos. Dónde estamos. Con quién. Amores. Odios. Amistades. Contactos. Recuerdos...
Podemos imaginar este mundo como el perteneciente -exclusivamente- a jóvenes y adolescentes. No es así. Tampoco es privativo de personas que se mantienen en los márgenes de la ley.
El criminal quiere gritar al mundo lo que es. Algunos, lo que pretender ser...
Ya no existen delincuentes con gorra y antifaz. Ni siquiera los criminales de cuello blanco se ocultan. Más bien, todo lo contrario. La criminalidad está ahí, al alcance de la mano y se muestra. Cruda y obscenamente.
Mostrar las armas, los tatuajes, el botín... Muchas veces, abrazando la perversión, a las propias víctimas.
El odio a la policía es el común denominador. Eso no ha cambiado. Eso es ley no escrita.
Las campañas de ley y orden hablan de “mas policías en las calles”. Algunos nostálgicos pretenden reflotar el mítico personaje policial de la película de Charles Chaplin, The Kid...
“La vuelta del vigilante de la esquina”, sueñan algunos ingenuos...
El criminal no se intimida con el policía, lo desafía.
El criminal no se replantea su accionar frente a la ley, la incumple.
El criminal no respeta a la autoridad, se burla de ella.
Ahora, en tiempos de Internet, la burla se hace viral. Y muchos festejan en silencio, aunque no se animen a convertirse en delincuentes.
(*) Fiscal del Ministerio Público
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