Un informe de Juan José Llach destaca que los mercados financieros miran más las tendencias de la economía global, con un crecimiento sincronizado que no cesa, más que a las amenazas norcoreanas y suponen, como parece probable y todos deseamos, que ellas no se concretarán.
En este marco puede verse que, transcurridos ya diez meses de la elección del presidente Trump, los únicos indicadores que han empeorado son el valor del dólar, el del peso argentino y la soja, junto a una leve suba del rendimiento de los bonos de EE UU. En las bolsas se destaca la suba del Merval que, aún medido en dólares se incrementó un 21,8%, casi lo mismo que el Nikkei japonés.
Las bajas de los granos obedecen a grandes aumentos de la producción, por una sucesión casi ininterrumpida de cosechas récord en los últimos cinco años que pudieron más que una demanda muy sostenida.
Por lo demás, el resto de las monedas, las materias primas y las bolsas han aumentado significativamente y, lo que es muy importante, el riesgo país de los mercados emergentes cayó significativamente, incluyendo el de la Argentina que acaba de tocar su mínimo en diez años.
Con aun mayor claridad que en los meses anteriores, los resultados muestran el fracaso de los pronósticos sobre la evolución de las finanzas globales al momento de ser electo Trump. Este modelo sostenía que aumentarían las tasas de interés de mercado y de política económica, primero en EE UU y luego en Europa, lo que llevaría a bajas bursátiles, una apreciación del dólar, salidas de capitales de los países emergentes, con subas de su riesgo país y debilitamiento de los commodities. Lo que ha ocurrido hasta aquí es lo contrario.
Por cierto, este marco es el mejor para la Argentina. Se oscurece en parte por las súper cosechas globales que transforman el “viento de cola”, que disfrutó el anterior gobierno, en una suave brisa favorable. Ayudará, en cambio, una recuperación de Brasil cuyo crecimiento superará muy probablemente al proyectado por el FMI (1,3%), peses a que también aquí aparece una sombra, y es la reforma laboral que será un imán para
la atracción de inversiones a nuestro vecino y le dará una significativa ganancia de competitividad, tal vez parcialmente compensada por una revaluación del real que puede ayudar al balance comercial bilateral.
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